Pero no te han encontrado.
Víscera a víscera.
Hueso a hueso.
Por debajo de la piel
y de la carne.
Han obligado a mi lengua
a decir tu nombre.
Pero al nombrarte
ha salido un vocablo malherido
un vómito de miedo y gelatina,
un grito de dolor,
impronunciable.
(Ángel Fernández Fernández)
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