La noche se inflamó porque yo soy la luz y la luz quema.
Y ahora todo arde.
No sabía que las cosas iban a terminar así cuando entré en la noche.
Parecía ignífuga como las palabras que se pronuncian de madrugada,
y yo, que me lo creo todo.
Me dijiste que ni el hielo, ni el mármol prendían y que, si lo hicieran,
darían tanto frío que toda yo amanecería escarchada.
Que el temblor es una coartada, ya lo sabía.
Tomaste mis manos, me besaste en la frente como un padre
-a lo lejos escuchamos la risa de la lujuria-
y me echaste de tu lado.
Estaba equivocada, y tú también.
Fue la noche la que entró en mí
y la quemé.
(Carmen Ruiz Fleta)
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