Soy la extraña correlación entre tu estado de ánimo y
la canción que suena en un taxi cuando no quieres volver a casa.
Me he cosido la boca con dulzura
para que los besos que niegue,
al relamer,
me sepan a lo que soy:
un caramelo.
No quiero desaparecer en otra boca.
Todavía no tengo todas las piezas y
uno tiene que recuperarse para poder ofrecerse.
Esto es todo lo que me falta,
siento no poder darte menos problemas.
-Con lo que te gusta resolverme mientras todo se complica
bajo mi distraída mirada-
Porque os convertiría en cualquiera
hace tiempo que no duermo con cualquiera.
Porque me convertiría en cualquiera.
Todos los hombres que acaricié se están vengando de mí.
Me retuercen las manos por haber amado a la mujer
como no supieron ellos,
pero ninguno me preguntó
el único secreto que no planeé esconder.
Esto es tan simple como que mi mano derecha es la maestra
de todo lo que quiere olvidar la izquierda;
sospecho que nunca firmaré una tregua conmigo.
¿Para cuándo entonces la paz de la que hablan las doctrinas
de mi nombre?
Si no quiero que me toquen es porque soy pegadiza y
me he convertido en la canción más triste del mundo.
Porque me he caído como la última gota al vaso de ácido
que se derramó en las rodillas.
Porque se me han partido todas las uñas en el vientre
y
no me apetece hablar de esto
-ni de esta
ni de aquel-.
No es cobardía,
es mi derecho a guardar silencio en ataúdes de niñas pelirrojas.
Ya no me quedan ni ases
ni cicatrices bajo la manga.
Me amo desnuda,
sin trapos,
sin trampas para ratones,
sin cascabeles que delaten al gato.
Mi jaula es un anillo de fuego
y yo un pájaro.
Saldré cuando yo quiera,
no cuando otro me ame.
(Irene X)
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