Eres la triple diosa
la triple diosa luna
que engendra en mí
visiones.
Disparas desde lejos
y asciendo
y desciendo
me llevas de la luz
a las tinieblas
y otra vez a la luz
y al terror.
Eres la madre buena
la de múltiples pechos
que nutre todo lo que vive
la virgen cazadora
queriendo atravesar el horizonte
la voraz taladora
la fuerza que me arrastra
y me transforma.
Nuestro vuelo es nocturno
y volamos
volamos
Artemisa
y yo bebo tu leche
y cruzamos galaxias
y amamanto serpientes
en mi vuelo
y acuno a la muerte
entre mis pechos
y la muerte está viva
resplandece
y sigo el vuelo de tu flecha
y te pierdo
Artemisa
y desciendo al abismo
y en la muerte se encoge
y se me vuelve momia
y estoy aquí de nuevo
con los ojos abiertos
vieron su oscuridad
en las estrellas
y no quieren cerrarse
y hay en ellos tierra
y hay polvo estelar.
Ayúdame
Artemisa
los párpados me pesan:
una canción de cuna
o tu certera flecha.
(Claribel Alegría)
viernes, 16 de noviembre de 2007
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Aferrada
Aferrada a tu luz
atravieso mi tiempo
ha habido y habrá
inesperados vientos
huracanes
tormentas
y sequías,
pero sé desde siempre
que tú me sostendrás.
(Claribel Alegría)
atravieso mi tiempo
ha habido y habrá
inesperados vientos
huracanes
tormentas
y sequías,
pero sé desde siempre
que tú me sostendrás.
(Claribel Alegría)
domingo, 11 de noviembre de 2007
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Hoy que estoy triste como tantos otros días (7 de noviembre de 2007)
Estás vivo en mi pecho
y sólo yo te siento.
Eres el alquimista
que transforma en poesía
nuestro llanto.
(Claribel Alegría)
y sólo yo te siento.
Eres el alquimista
que transforma en poesía
nuestro llanto.
(Claribel Alegría)
martes, 30 de octubre de 2007
Salí a buscarte
Salí a buscarte
atravesé valles
y montañas
surqué mares lejanos
le pregunté a las nubes
y al viento
inútil todo
inútil
dentro de mí estabas.
(Claribel Alegría)
atravesé valles
y montañas
surqué mares lejanos
le pregunté a las nubes
y al viento
inútil todo
inútil
dentro de mí estabas.
(Claribel Alegría)
domingo, 7 de octubre de 2007
Silencio
"En un tiempo deseé saber hablar cosas triviales como hacían los demás en las conversaciones y no quedarme al margen de ellas. Ahora que aprendí tantas cuestiones banales prefiero guardar silencio."
(Francisco M. Ortega Palomares)
(Francisco M. Ortega Palomares)
jueves, 4 de octubre de 2007
4 de octubre de 2007

Mi padre enfermo de sueños
en el asfalto incandescente de cien mil mediodías caminados
bajo el sol en vertical
perdió sus pies
y apoyado en sus rodillas sigue buscando
el camino de vuelta a casa.
Mi padre sueña,
rendido por el cansancio,
que vuelve a su tierra y planta sus piernas y le crecen pies jóvenes
y la savia de su tierra negra le alivia el dolor de las arrugas
y resucita sus cabellos muertos.
Luego despierta en un piso alquilado a la ciudad de los huracanes de la miseria
y blasfema y maldice y no tiene amigos.
Escondido en la noche
papá llora por las certezas que lo defraudaron.
Del otro lado de su piel
mamá llora por mamá
mamá llora por su casa que ya no habita
y por paz y reposo y risa.
Papá y mamá lloran
cada uno a espaldas del otro en la cama
en el más crudo estruendoso hermoso silencio
que modula en frecuencias infrahumanas
sonidos que se articulan como palabras:
"Si aquí no están mis sueños
cómo puedo dormir aquí"
Y que sólo yo escucho
con la cabeza enterrada en la almohada.
Concebida de la nostalgia
nací con lágrimas en el sexo, con tierra en los ojos, con sangre en la cabeza.
No soy lo que soñaron
como tampoco lo son sus vidas.
(Miriam Reyes)
martes, 28 de agosto de 2007
Lluevo
(28 de agosto de 2007: Te echo de menos cielo)
Lluevo en esta ciudad
envuelto en frío, en aguacero, en noche,
y cuanto toco queda convertido
en una calle solitaria y triste
hecha de casas muertas, y en farolas
de cuyo resplandor nacieran ruinas
y a millones las cruces.
Lluevo sin tregua en todos los rincones,
sobre puertas cerradas y en abiertas
alcantarillas ciegas que se llevan
hasta el mar las estrellas.
Mi corazón es charco y cuando anclan
en él las negras nubes
no pueden ser más náufragas,
y con sólo morirme me confundo
en un luto de pájaros.
Lluevo sobre las ramas
desnudas de los árboles y lluevo
dormido sobre el banco de ese parque
constelado de sueños que mendigan
a las sombras que pasan,
por la mucha tristeza de las cosas
que se acaban.
Y a manos llenas lluevo en el cristal
de la fosca ventana de mi estudio,
y las gotas que lluvian
mi corazón por dentro
son las mismas que bajan y resbalan
trazando bellos signos
que podría leer, si no tuviera
en los ojos mi lluvia tantas lágrimas.
(Andrés Trapiello)
Lluevo en esta ciudad
envuelto en frío, en aguacero, en noche,
y cuanto toco queda convertido
en una calle solitaria y triste
hecha de casas muertas, y en farolas
de cuyo resplandor nacieran ruinas
y a millones las cruces.
Lluevo sin tregua en todos los rincones,
sobre puertas cerradas y en abiertas
alcantarillas ciegas que se llevan
hasta el mar las estrellas.
Mi corazón es charco y cuando anclan
en él las negras nubes
no pueden ser más náufragas,
y con sólo morirme me confundo
en un luto de pájaros.
Lluevo sobre las ramas
desnudas de los árboles y lluevo
dormido sobre el banco de ese parque
constelado de sueños que mendigan
a las sombras que pasan,
por la mucha tristeza de las cosas
que se acaban.
Y a manos llenas lluevo en el cristal
de la fosca ventana de mi estudio,
y las gotas que lluvian
mi corazón por dentro
son las mismas que bajan y resbalan
trazando bellos signos
que podría leer, si no tuviera
en los ojos mi lluvia tantas lágrimas.
(Andrés Trapiello)
lunes, 27 de agosto de 2007
GORRIÓN
Nadie pudo escribir con mejor letra
que el pájaro en la nieve esta mañana.
Yo me llamo gorrión y te lo digo
en trazos cuneiformes sin temor
a que lo lean otros. Sólo el sol,
y nada más que el sol, podrá borrarlo.
Andrés Trapiello
que el pájaro en la nieve esta mañana.
Yo me llamo gorrión y te lo digo
en trazos cuneiformes sin temor
a que lo lean otros. Sólo el sol,
y nada más que el sol, podrá borrarlo.
Andrés Trapiello
domingo, 12 de agosto de 2007
[1]
Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.
De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.
Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.
Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás ,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.
Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
- la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.
(Pedro Salinas)
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.
De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.
Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.
Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás ,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.
Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
- la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.
(Pedro Salinas)
sábado, 4 de agosto de 2007
El Río

Para mí qué encanto tiene un río
con barcas en la orilla.
Estarse junto al agua y ver correr
voluptuosas nubes en su ancho caudal.
Hacerse un sitio allí, en la maleza
azulada, un hueco donde ver
cómo es cosa de poco nuestra vida
y no ser vistos. Y mirar las barcas
tensando y destensando
un cuerda de esparto en la verde
corriente, con el agua de la lluvia
pudriéndose en sus tablas. Esperar
la tormenta y contemplar el cielo
vagabundo y morado. Oír el ruido
de gotas en el río, sus castillos
como timbales delicados.
Y pensar, si se puede,
en quien amamos mucho
o si entonces no amamos, no pensar,
no pensar, no pensar.
Y volver nuestros ojos
a ese mudo transcurso, y vacíos
quedar sin que sepamos
cuánto tiene de sueño
el frío y el dolor
y esas barcas sin gente
chocando unas con otras
o si podremos despertar un día.
(Andrés Trapiello)
miércoles, 25 de julio de 2007
La carta

He encontrado la casa
donde te llevaré a vivir. Es grande,
como las casas viejas. Tiene altos
los techos y en el suelo,
de tarima de enebro, duerme siempre
un rumor de hojas secas
que los pasos avivan. A los ocres
de las paredes nada ya parece
retenerles aquí. Igual que frágiles
pétalos, largo tiempo olvidados
en un libro, amarillean todos.
Entre rejas, trenzado,
un rosal sin podar.
En el jardín pequeño, una fuente
y un fauno. Y me dicen
que también unos mirlos.
Cuando en los meses fríos del otoño,
al escuchar sus silbos
cobren la vida tus ojos, en el verde
del agua miraré contigo
cómo mueren los días.
Cómo se vuelve polvo en esos muebles
oscuros tu silencio
que azotará la lluvia
allí donde te encuentres.
(Andrés Trapiello)
miércoles, 11 de julio de 2007
Fragmento
martes, 3 de julio de 2007
Mi presencia ausente
Me miro en un espejo que no refleja nada porque hace tiempo se lo llevaron. Ahora tengo la pared frente a mí y pienso en todos mis rostros reflejados que se fueron con él, impresos en su memoria, tras el cristal y sobre la emulsión de estaño.
Por lo menos quedé yo, y mi sombra.
(Pablo Paniagua)
Por lo menos quedé yo, y mi sombra.
(Pablo Paniagua)
viernes, 29 de junio de 2007
Fragmento
"Sin duda, esta opinión no contará con la aquiescencia ni de los estudiosos conservadores ni de los que se consideran revolucionarios. Ambos grupos están afectados por igual de un temible fervor y un engreimiento relamido que les impide ver que el mundo no está pendiente de sus palabras."
Nigel Barley "El antropólogo inocente"
Nigel Barley "El antropólogo inocente"
miércoles, 13 de junio de 2007
Número Seis

Me besa, me desnuda, hace de mí lo que quiere
estoy borracha, todo me da vueltas, tengo que ir
al baño dos veces para no vomitarle encima
se marcha temprano a toda prisa, no hay despedida
nota justificativa o teléfono de contacto, sólo dudas
todos los hombres son príncipes a las cinco de la mañana
todas las putas son tú cuando despiertas y no hay nadie.
( Pablo. G. Casado)
martes, 12 de junio de 2007
lunes, 11 de junio de 2007
febrero de 1974
martes, 5 de junio de 2007
Dificultades
miércoles, 30 de mayo de 2007
5 de junio de 2004
Papá, no te olvido.
No olvido la tarde en que subí a tu casa a verte, era viernes, te llevábamos la compra: naranjas para hacer el zumo que tanto te gustaba, jamón, cecina... Estabas alegre, o al menos lo parecías. Recuerdo que ese día te dije: papá, voy a estudiar enfermería para cuidarte. Tú te medio reíste con un aire de incredulidad. Nos fuimos, seguimos con nuestras vidas.
5 horas más tarde estabas muerto. Sigo sin entenderlo papá. Nunca te dije Te quiero.
No olvido la tarde en que subí a tu casa a verte, era viernes, te llevábamos la compra: naranjas para hacer el zumo que tanto te gustaba, jamón, cecina... Estabas alegre, o al menos lo parecías. Recuerdo que ese día te dije: papá, voy a estudiar enfermería para cuidarte. Tú te medio reíste con un aire de incredulidad. Nos fuimos, seguimos con nuestras vidas.
5 horas más tarde estabas muerto. Sigo sin entenderlo papá. Nunca te dije Te quiero.
Una noche mis padres
se hicieron de pronto viejos.
En un abrir de amanecer
todo el tiempo del mundo
se les vino de golpe
y sólo el viento negro
irrumpió en aquel templo
que era el cuerpo menudo de mi padre;
desordenó su corazón,
desbarató el altar sencillo de su rostro
y fue desordenándolo todo
tan despacio,
con una crueldad innecesaria.
En sus últimos días
tendía con angustia
la mano al infinito,
a quién sabe qué ángel
que le aguardaba dónde
mientras la muerte,
sin prisa,
lo iba poseyendo.
(Andrés Aberasturi)
se hicieron de pronto viejos.
En un abrir de amanecer
todo el tiempo del mundo
se les vino de golpe
y sólo el viento negro
irrumpió en aquel templo
que era el cuerpo menudo de mi padre;
desordenó su corazón,
desbarató el altar sencillo de su rostro
y fue desordenándolo todo
tan despacio,
con una crueldad innecesaria.
En sus últimos días
tendía con angustia
la mano al infinito,
a quién sabe qué ángel
que le aguardaba dónde
mientras la muerte,
sin prisa,
lo iba poseyendo.
(Andrés Aberasturi)
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