Se te está viendo la otra.
Se parece a ti:
los pasos, el mismo ceño,
los mismos tacones altos
todos manchados de estrellas.
Cuando vayáis por la calle
juntas, las dos,
¡qué difícil el saber
quién eres, quién no eres tú!
Tan iguales ya, que sea
imposible vivir más
así, siendo tan iguales.
Y como tú eres la frágil,
la apenas siendo, tiernísima,
tú tienes que ser la muerta.
Tú dejarás que te mate,
que siga viviendo ella,
embustera, falsa tú,
pero tan igual a ti
que nadie se acordará
sino yo de lo que eras.
Y vendrá un día
-porque vendrá, sí, vendrá-
en que al mirarme a los ojos
tú veas
que pienso en ella y la quiero:
tú veas que no eres tú.
(Pedro Salinas)
domingo, 14 de septiembre de 2014
Porque todos interpretamos en esta vida un papel (dedicado a Esther :* )
Ahí, detrás de la risa,
ya no se te conoce.
Vas y vienes, resbalas
por un mundo de valses
helados, cuesta abajo;
y al pasar, los caprichos,
los prontos te arrebatan
besos sin vocación,
a ti, la momentánea
cautiva de lo fácil.
"¡Qué alegre!", dicen todos.
Y es que entonces estás
queriendo ser tú otra,
pareciéndote tanto
a ti misma, que tengo
miedo a perderte, así.
Te sigo. Espero. Sé
que cuando no te miren
túneles ni luceros,
cuando se crea el mundo
que ya sabe quién eres
y diga: "Sí, ya sé",
tú te desatarás,
con los brazos en alto,
por detrás de tu pelo,
la lazada, mirándome.
Sin ruido de cristal
se caerá por el suelo,
ingrávida careta
inútil ya, la risa.
Y al verte en el amor
que yo te tiendo siempre
como un espejo ardiendo,
tú reconocerás
un rostro serio, grave,
una desconocida
alta, pálida y triste,
que es mi amada. Y me quiere
por detrás de la risa.
(Pedro Salinas)
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Grande
No soy grande de altura
ni de nombre.
¿Para qué me preguntas
dónde he guardado los planos
en los que diseñé
la catedral de Chartres?
Yo soy la que envió la plaga de langostas
al pueblo en que naciste,
la que estornuda encima de tu cara
y te llena los sueños de microbios,
bacterias y otros pequeños seres adiestrados
que siempre van conmigo.
No he traducido el Cantar de los Cantares.
No he filmado a ningún grupo
de obreros
saliendo de una fábrica.
Jamás he utilizado una caverna como imagen
para exponer ninguna tesis filosófica.
Ni he viajado a París con aguacero
para morir de poesía.
No soy grande de altura
ni de nombre.
De hecho, sólo tú has sido capaz
de verme
sin la necesidad de un microscopio.
(Julia Conejo Alonso)
martes, 9 de septiembre de 2014
Puerta que al abrirse muestra una playa
No te he abandonado.
Mis cosas no te hablarán del nunca,
pero es que había en ese silencio mucho ruido,
y las avispas que te daban miedo
parecía que habían hecho nido en mis ojos,
estaba muy deshilachado ya para sostenerte.
Ahora silente, cautivo adrede en otro orden,
como en una casa donde he prohibido tu perfume,
donde no voy llenando los rincones de promesas,
estoy buscándome de nuevo en otro azul,
estoy sin estar, sé que es algo raro
y tú no lo sabes, pero a veces te cobijo,
te pienso, y el día acaba
pareciéndose a ti.
No te he abandonado,
tal vez volverán los momentos del vino,
de películas turcas
y boleros donde entonces tú no protagonices el estribillo,
de colocar de nuevo las ventanas,
pero tenía despeinada la vida,
busqué la sed que calma el agua,
algo semejante a los dedos protectores tras el raso
y estas palabras de fogueo, corroboran, hablan,
mienten sólo en la mitad de su imagen
cuando te dicen,
que sigo estando.
Borra mis huellas anteriores,
bórralas, menos el deseo a todo lo tuyo,
imagíname intacto y desconocido
como el destino deseado
que sólo conoces por postales.
Me fui porque te parecía triste la música si yo la cantaba,
estas alegrías sonaban por quebrantos,
me fui porque tus brazos compartían el vuelo
con las aves que huyen de las estaciones del frío.
Me fui porque iba tanto a buscarte que me cruzaba
conmigo de vuelta siempre sin noticias,
y se me iban enredando las ganas en el desconsuelo.
Me fui porque estas manos ya querían saberte de memoria.
No te he abandonado,
sólo me he ido leve, un poco,
el tiempo de un contraluz,
un ensayo, un desvelo,
lo que tarda en derretirse el alma de una vela.
Me fui porque esta esperanza
era tu asiento vacío
en un carruaje de plomo
con un caballo de piedra,
sobre un puente de cerillas.
No te he abandonado,
y créeme si te digo que estoy cerca
justo en la distancia de los pasos
que me protejan de intentar quererte de nuevo...
Y créeme si te digo que estoy lejos
pero justo en la distancia de los pasos
que me permitan volver a tu lado
si te hiere la vida.
(Rubén Tejerina)
viernes, 4 de julio de 2014
Sin esperanza
Tú me dijiste quizá.
Y te envié poemas que leía en las paredes
y en las puertas de lavabos de los bares.
Sin respuesta.
Y te lloraba estando a solas
y te intentaba olvidar sin lograrlo,
y me seguía masturbando mientras pensaba en ti.
Tú me dijiste
quizá.
Y yo mantuve la esperanza cada hora
de mi vida, y aún la tengo
puesta en pie sobre un altar del opus dei.
Y te escribía con palabras tan bonitas
que yo mismo me creía que era así.
Y pensaba que ablandar tu corazón sería más fácil.
Ahora creo que arrancar tu corazón
será más fácil.
(Jorge Barco)
Y te envié poemas que leía en las paredes
y en las puertas de lavabos de los bares.
Sin respuesta.
Y te lloraba estando a solas
y te intentaba olvidar sin lograrlo,
y me seguía masturbando mientras pensaba en ti.
Tú me dijiste
quizá.
Y yo mantuve la esperanza cada hora
de mi vida, y aún la tengo
puesta en pie sobre un altar del opus dei.
Y te escribía con palabras tan bonitas
que yo mismo me creía que era así.
Y pensaba que ablandar tu corazón sería más fácil.
Ahora creo que arrancar tu corazón
será más fácil.
(Jorge Barco)
sábado, 21 de junio de 2014
Estabas apoyada contra la puerta.
Te pedí un cigarrillo
y me pasaste un paquete arrugado.
Miré dentro. Sólo hay uno, te dije.
Y qué, me dijiste, ¿te da pena?
Nos reímos un rato.
Luego cayeron unas cuantas cervezas.
Después las cosas siguieron su curso:
igual de perdidos los dos,
por qué no perdernos juntos.
(Karmelo C. Iribarren)
Te pedí un cigarrillo
y me pasaste un paquete arrugado.
Miré dentro. Sólo hay uno, te dije.
Y qué, me dijiste, ¿te da pena?
Nos reímos un rato.
Luego cayeron unas cuantas cervezas.
Después las cosas siguieron su curso:
igual de perdidos los dos,
por qué no perdernos juntos.
(Karmelo C. Iribarren)
Mejor así
Por supuesto que hay un montón
de cosas que no te he dicho
todavía. Qué esperabas.
Si te lo dijese todo de golpe
en un ataque freudiano de sinceridad,
no sólo no me creerías nada,
sino que además empezarías a mirarme
como a un tipo seriamente peligroso.
Mejor así. Mejor que sigas pensando
que tengo mucha vida interior
y que te aguardan momentos irrepetibles.
(Karmelo C. Iribarren)
de cosas que no te he dicho
todavía. Qué esperabas.
Si te lo dijese todo de golpe
en un ataque freudiano de sinceridad,
no sólo no me creerías nada,
sino que además empezarías a mirarme
como a un tipo seriamente peligroso.
Mejor así. Mejor que sigas pensando
que tengo mucha vida interior
y que te aguardan momentos irrepetibles.
(Karmelo C. Iribarren)
viernes, 6 de junio de 2014
Yo no quiero
"Yo quiero que sufras lo que yo sufro
y aprenderé a rezar para lograrlo"
(José María Fonollosa)
Yo no quiero que sufras
lo que yo sufro.
Yo quiero que sufras
más.
Yo te quiero más roto
que yo.
Más desguazado
que yo.
Yo quiero que el dolor
te destroce el esternón.
Que tengas que luchar
a todas horas
por sobrevivir sin ganas.
Que no soportes
ser el hombre más miserable
del mundo
por quererme a tu lado.
Yo ya lo sufro.
No quiero que me odies.
Odiando se hace más fácil
la ausencia.
Yo quiero que sufras
lo que yo sufro.
Yo quiero que te asfixies con tu llanto,
que no encuentres paz
en ningún sitio.
Que no soportes el peso
de tu cuerpo
sin mis dedos.
Yo quiero que el miedo
no te deje dormir,
como un dolor insomne.
Yo ya lo sufro.
Yo quiero que sufras
lo que yo sufro.
Yo quiero que vengas,
rogando en silencio,
muerto de miedo, inseguro,
que vuelva contigo.
Que sin mí, tus días
son estertores.
Como mi pésame diario.
Dime que sufres lo que yo sufro.
Y dímelo llorando.
(Eva Vaz)
y aprenderé a rezar para lograrlo"
(José María Fonollosa)
Yo no quiero que sufras
lo que yo sufro.
Yo quiero que sufras
más.
Yo te quiero más roto
que yo.
Más desguazado
que yo.
Yo quiero que el dolor
te destroce el esternón.
Que tengas que luchar
a todas horas
por sobrevivir sin ganas.
Que no soportes
ser el hombre más miserable
del mundo
por quererme a tu lado.
Yo ya lo sufro.
No quiero que me odies.
Odiando se hace más fácil
la ausencia.
Yo quiero que sufras
lo que yo sufro.
Yo quiero que te asfixies con tu llanto,
que no encuentres paz
en ningún sitio.
Que no soportes el peso
de tu cuerpo
sin mis dedos.
Yo quiero que el miedo
no te deje dormir,
como un dolor insomne.
Yo ya lo sufro.
Yo quiero que sufras
lo que yo sufro.
Yo quiero que vengas,
rogando en silencio,
muerto de miedo, inseguro,
que vuelva contigo.
Que sin mí, tus días
son estertores.
Como mi pésame diario.
Dime que sufres lo que yo sufro.
Y dímelo llorando.
(Eva Vaz)
Lanzamos mensajes de texto
correos electrónicos
entradas en bitácoras
igual que los náufragos
lanzaban al mar sus botellas.
Pedimos que nos rescaten
de nuestras islas sin playas.
Como siempre, hay mareas
turistas y mirones numerosos
y sólo de vez en cuando
uno entre la multitud
entiende nuestra letra.
(Ana Pérez Cañamares)
correos electrónicos
entradas en bitácoras
igual que los náufragos
lanzaban al mar sus botellas.
Pedimos que nos rescaten
de nuestras islas sin playas.
Como siempre, hay mareas
turistas y mirones numerosos
y sólo de vez en cuando
uno entre la multitud
entiende nuestra letra.
(Ana Pérez Cañamares)
jueves, 29 de mayo de 2014
Pequeño
Me mirarán con lupa y me verán pequeño
aquellos a los que nunca supe dar
el placer y el orgullo de pronunciar su nombre.
Me mirarán de reojo y sonreirán
aquellos cuya sombra se perfila
con un cuchillo atento a darme muerte.
Me mirarán con lupa y me arderán
y me verán pequeño, inútil, apenas
una sombra, y sonreirán
mientras yo paso de largo
ignorando su existencia.
(Jorge Barco)
martes, 27 de mayo de 2014
Así en el tiempo como en tu boca
Soy una casa abandonada.
Pero una vez hubo muebles, y cartas en sus cajones,
copas en las vitrinas... La belleza iba y venía
por el pasillo con una jarra de limonada.
Afuera se oye el frío y dentro, una hoguera
donde arden mis libros calienta esta nada,
ennegrece las paredes, y el humo espera denso
que abra la boca para asfixiarme.
Una casa abandonada en el barrio de los ausentes,
donde nadie se queda a pasar la noche,
como un lugar equivocado donde un lenguaje único,
sin eco y amarillo, para las despedidas, rebota en las paredes.
Un patio muerto donde se disputan mi desvelo
las ratas en su desvarío, habitaciones llenas de cicatrices,
ventanas que no saben llorar
porque si supieran, lo harían.
Donde colgaban cuadros, ahora hay preguntas,
la bañera está repleta de palabras sin paladar
y latas que envejecen, y nuestra cama está llena ya
de enredaderas, desde que tú y yo allí
no nos enredamos.
No provoca al timbre el afilador de cuchillos,
ni vendedores de esperanza,
ni el que se equivoca a media siesta,
las visitas han encontrado otro refugio
para las tardes de domingo.
Y es que soy una casa abandonada,
se me oxidó con esta última lluvia tuya,
el corazón, el ánimo,
por eso no abren las cerraduras
para que entre nadie.
(Rubén Tejerina)
viernes, 23 de mayo de 2014
Fotografía última
Todo parece en calma.
Tú y yo sentados, mirando al objetivo algo incómodos,
como sorprendidos en medio de una guerra, allí,
cuando volviste a Ibiza y yo te esperaba. Es Vedrà al fondo,
y arriba a la derecha un pájaro
que imagino es una gaviota.
Apareció, escondida, desde otro tiempo,
oculta ya en mi mapa de lo que no regresa,
tímida primero y luego, un latigazo, un escalofrío.
Nada habría que resaltar de esa instantánea,
es obvio que el que la hizo desconocía
el diafragma y las velocidades,
una foto errada como tantas otras, el cielo aquí, falso, oscuro,
nada tiene que ver con lo que aquella tarde quería ser,
y tú sales movida.
Pero si uno mira bien
ya se adivina en tus ojos cansados de aquel día
que esa sería nuestra última fotografía juntos,
sales movida, intencionadamente borrosa,
desdibujada, deshaciéndote, como con las palabras ya en otra parte,
como yéndote, como viajando en otra compañía,
como no queriendo fijar tu imagen
a nada, que pudiera ser
mío para siempre.
(Rubén Tejerina)
Tú y yo sentados, mirando al objetivo algo incómodos,
como sorprendidos en medio de una guerra, allí,
cuando volviste a Ibiza y yo te esperaba. Es Vedrà al fondo,
y arriba a la derecha un pájaro
que imagino es una gaviota.
Apareció, escondida, desde otro tiempo,
oculta ya en mi mapa de lo que no regresa,
tímida primero y luego, un latigazo, un escalofrío.
Nada habría que resaltar de esa instantánea,
es obvio que el que la hizo desconocía
el diafragma y las velocidades,
una foto errada como tantas otras, el cielo aquí, falso, oscuro,
nada tiene que ver con lo que aquella tarde quería ser,
y tú sales movida.
Pero si uno mira bien
ya se adivina en tus ojos cansados de aquel día
que esa sería nuestra última fotografía juntos,
sales movida, intencionadamente borrosa,
desdibujada, deshaciéndote, como con las palabras ya en otra parte,
como yéndote, como viajando en otra compañía,
como no queriendo fijar tu imagen
a nada, que pudiera ser
mío para siempre.
(Rubén Tejerina)
martes, 13 de mayo de 2014
La noche se inflamó porque yo soy la luz y la luz quema.
Y ahora todo arde.
No sabía que las cosas iban a terminar así cuando entré en la noche.
Parecía ignífuga como las palabras que se pronuncian de madrugada,
y yo, que me lo creo todo.
Me dijiste que ni el hielo, ni el mármol prendían y que, si lo hicieran,
darían tanto frío que toda yo amanecería escarchada.
Que el temblor es una coartada, ya lo sabía.
Tomaste mis manos, me besaste en la frente como un padre
-a lo lejos escuchamos la risa de la lujuria-
y me echaste de tu lado.
Estaba equivocada, y tú también.
Fue la noche la que entró en mí
y la quemé.
(Carmen Ruiz Fleta)
Y ahora todo arde.
No sabía que las cosas iban a terminar así cuando entré en la noche.
Parecía ignífuga como las palabras que se pronuncian de madrugada,
y yo, que me lo creo todo.
Me dijiste que ni el hielo, ni el mármol prendían y que, si lo hicieran,
darían tanto frío que toda yo amanecería escarchada.
Que el temblor es una coartada, ya lo sabía.
Tomaste mis manos, me besaste en la frente como un padre
-a lo lejos escuchamos la risa de la lujuria-
y me echaste de tu lado.
Estaba equivocada, y tú también.
Fue la noche la que entró en mí
y la quemé.
(Carmen Ruiz Fleta)
martes, 6 de mayo de 2014
los espejos
Son esclavos del tiempo que, apostados
estratégicamente en cada alcoba,
se esfuerzan en silencio en ir cambiando
con aliento de hielo nuestros rostros.
De día ofrecen siempre el mismo aspecto
inofensivo que los otros muebles,
mas de noche respiran y si enciendes
de improviso una luz se quedan pálidos.
Jamás los mires aunque a ti te miren.
Cuando antes de salir entras en ellos,
te roban la belleza que te dan.
Con la cara cubierta, haz que se vuelvan
de cara a la pared. Y más no hagas.
Se multiplican al morir, rompiéndolos.
(Lorenzo Oliván)
lunes, 21 de abril de 2014
"Desde niña me han podido llevar a cualquier parte.
Quedo bien exhibiendo impúdica falsas inquietudes,
recitando letanías de insatisfacciones y quimeras.
Finjo los principios que me rigen
y mi interlocutor asiente.
Por eso sé
que valgo más que algunos jarrones chinos.
Y también sé
que no importan mis palabras
porque me vais a aplaudir igual.
Voy desnuda, pero todos alabáis mi vestido"
(Carmen Ruiz Fleta)
Quedo bien exhibiendo impúdica falsas inquietudes,
recitando letanías de insatisfacciones y quimeras.
Finjo los principios que me rigen
y mi interlocutor asiente.
Por eso sé
que valgo más que algunos jarrones chinos.
Y también sé
que no importan mis palabras
porque me vais a aplaudir igual.
Voy desnuda, pero todos alabáis mi vestido"
(Carmen Ruiz Fleta)
.
Tiemblo en este abrazo
que te duele
y que deseas que no te dé.
Fabrico calor.
Fabrico calor como para derretir patrias,
inmensos flotantes helados continentes.
Calor como para deshacerte.
Tiemblo en este abrazo.
Rechazas el calor que fabrico:
temes un colapso de hielo tal,
que diluya tu dolor
y te obligue a vivir.
(Carmen Ruiz Fleta)
que te duele
y que deseas que no te dé.
Fabrico calor.
Fabrico calor como para derretir patrias,
inmensos flotantes helados continentes.
Calor como para deshacerte.
Tiemblo en este abrazo.
Rechazas el calor que fabrico:
temes un colapso de hielo tal,
que diluya tu dolor
y te obligue a vivir.
(Carmen Ruiz Fleta)
lunes, 24 de marzo de 2014
Registro policial
Han registrado mi cuerpo.
Pero no te han encontrado.
Víscera a víscera.
Hueso a hueso.
Por debajo de la piel
y de la carne.
Han obligado a mi lengua
a decir tu nombre.
Pero al nombrarte
ha salido un vocablo malherido
un vómito de miedo y gelatina,
un grito de dolor,
impronunciable.
(Ángel Fernández Fernández)
sábado, 22 de marzo de 2014
Los hombros de los gigantes
Ser bueno era un problema.
Muy grave si lo eras en muchas cosas.
Todos esperaban que cayeses,
que fallases estrepitosamente.
Un fracaso que evidenciara
esa imperfección que tú ya conocías.
Tu punto débil.
Rabiaban por conocerlo.
Te enfermaba su hipocresía
pero te aterraba estar solo.
Y te dejaste devorar por ellos.
Caíste.
Dejaste que te superaran
las veces que fueran necesarias
para lograr que te tuvieran
más pena que envidia.
No volviste a levantar cabeza.
Pero tampoco volviste a estar solo:
los hombros de todos
los triunfadores a los que aupaste
aguardan a que llores en ellos tu fracaso.
(Carmen Beltrán Falces)
Muy grave si lo eras en muchas cosas.
Todos esperaban que cayeses,
que fallases estrepitosamente.
Un fracaso que evidenciara
esa imperfección que tú ya conocías.
Tu punto débil.
Rabiaban por conocerlo.
Te enfermaba su hipocresía
pero te aterraba estar solo.
Y te dejaste devorar por ellos.
Caíste.
Dejaste que te superaran
las veces que fueran necesarias
para lograr que te tuvieran
más pena que envidia.
No volviste a levantar cabeza.
Pero tampoco volviste a estar solo:
los hombros de todos
los triunfadores a los que aupaste
aguardan a que llores en ellos tu fracaso.
(Carmen Beltrán Falces)
sábado, 18 de enero de 2014
jueves, 16 de enero de 2014
DEP Juan Gelman
Claro que moriré y me llevarán
en huesos o cenizas
y que dirán palabras y cenizas
y yo habré muerto totalmente
claro que esto se acabará
mis manos alimentadas por tus manos
se pensarán de nuevo
en la humedad de la tierra
yo no quiero cajón
ni ropa
que el barro asuma mi cabeza
que sus orines me devoren
ahora
desnudo de ti
(Juan Gelman)
en huesos o cenizas
y que dirán palabras y cenizas
y yo habré muerto totalmente
claro que esto se acabará
mis manos alimentadas por tus manos
se pensarán de nuevo
en la humedad de la tierra
yo no quiero cajón
ni ropa
que el barro asuma mi cabeza
que sus orines me devoren
ahora
desnudo de ti
(Juan Gelman)
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