Envíame
una carta, aunque se pierda.
Envíame
unas velas encendidas, no sé,
un
monte por ejemplo, que me mire desde arriba.
Envíame
sonatas, pergaminos,
capiteles
corintios que apuntalen
esta
luz de la tarde
que
resbala.
Algo
de Brahms, el mar y su epicentro.
Banderas,
sin mancharse de colores,
que se
puedan pintar como se quiera.
Y
sobre todo aire, sin cauces, aire suelto.
De
momento la carta, aunque se pierda.
(Blanca
Sarausa)

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