lunes, 12 de julio de 2010

Te podría hablar

Te podría hablar del otoño
desde una playa en agosto.
El otoño es hermoso
te abrazo en la calle con más ropa que ahora.
Te podría hablar
de hojas y setas
de atardeceres plácidos
y a veces de la presentida nieve.

Te podría hablar del invierno
desde una playa en agosto.
En invierno la ropa abriga
lo sé porque al llegar a casa
tienes solamente la cara fría.
Lo sé porque te repaso el cuerpo entero
sin importar el orden de la ropa
ni ningún otro orden.
Te podría hablar de la nieve real
de heladas, nieblas
y vahos.

Te podría hablar de la primavera
desde una playa en agosto.
Los días se alargan
y puedo ver el reflejo del sol en tu cara
hasta más tarde.
Me detengo
y ocupo minutos en ver el sol mortecino en tus ojos
mientras lees.
Te podría hablar de la explosión verde
de los árboles, del croar de las ranas
y de hormonas.

Te podría hablar del verano
desde una playa en agosto.
Levanto la vista
y te veo jugar con tu hijo en la playa
y creo
mientras te escribo estas líneas
que las estaciones
el transcurrir del tiempo
y las sonoras olas
se reúnen en la forma en que te miro
y te amo.

(Rafael Álvarez Nogal)

domingo, 11 de julio de 2010

Mimo

Transformado en mimo me agacho
tomo una inexistente flor
la huelo
y te la ofrezco.
Lo fantástico es que tú la recoges
la hueles
se te humedecen los ojos
y como yo
te impregnas de intangibles.

(Rafael Álvarez Nogal)

viernes, 9 de julio de 2010

Amor

Los dos enmudecieron ante la nieve. Él no cree que el lobo le ame, pero fue incapaz de dispararle.

(Jesús Díez Fernández)

sábado, 17 de abril de 2010

El bar abierto

Hay un bar abierto
con música a todo volumen,
pero con mucho, mucho silencio.
Una ciudad con un extraño ruido.
Una mujer me dice, quédate
a descansar esta noche.
Miro a los ojos del camarero
y veo las zarpas de un tigre negro.
Miro en el mapa el nombre
de esta ciudad pequeña.

Soy el hombre que se olvida de todo.
He vuelto a casa y nada recuerdo.
Mi sombra se mueve despacio
por todas partes
con su cerebro roto.
Una ciudad pequeña
lamiendo con sus dedos
los pliegues de mi memoria.
Quédate conmigo,
quédate esta noche, me dice.


(Kepa Murua)

viernes, 16 de abril de 2010

Un día negro

Te diré lo que es un día perdido.
Pensar en el sol cuando llueve.
En el calor cuando hace frío.
En el vacío cuando no eres nadie.

Te diré lo que es un día extraño.
Reprimir una lágrima con fuerza.
Pegar una bofetada al aire.
Escuchar de tu boca un grito.

Te diré lo que es un día sin aliento.
Salir por salir a la calle.
Besar una lengua sintiéndola seca.
Mirarte y no reconocerme en el espejo.

Te diré lo que es aciago por dentro.
Permanecer callado ante lo evitable.
Confundir el mundo con el engaño.
Pensar que todo está en orden.

Te diré lo que da de sí un maldito día.
Quedarte quieto cuando tienes miedo.
Sentirte salvado mientras no te salvan.
Silenciarte la boca para no equivocarse.

Te diré lo que es un día herido.
Rodar por la zanja del tiempo.
Vendarte los ojos para que te perdonen.
Pensar que todo está dicho.

Te diré lo que es sentirse aislado.
Ser un poeta a todas horas.
Ser un hombre a plena luz del día.
Pensar que nada tiene remedio.


(Kepa Murua)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Nuevo poema de los años idos

El tiempo
se desprende del árbol de lo eterno
para existir con levedad de hoja
cayendo hacia la nada de sí mismo.
Los siglos años son, los años pasan
hacia los meses que en resueltos días
equivocan su rumbo hacia las horas
vertidas en agónicos segundos
donde cabe la historia.

(Gilberto Prado Galán)

domingo, 31 de enero de 2010

Ven a verme llorar,
no lloro con los ojos ni con el pensamiento;
lloro con las entrañas, con los dedos quemados,
con la frente rajada por cuchillos
y con la llaga en llamas que yo todo soy.

Desciende del palacio, ven
a verme llorar.

Verás un monasterio cuando se despedaza
y verás dos mil años en sólo unos momentos,
o en un tiempo tan largo que la historia del mundo
no llena su interior.

(Juan Eduardo Cirlot)

domingo, 24 de enero de 2010

Así acontece ya con cada instante.
El sonido es la muerte que todavía resiste
y levanta, sin manos, un gesto hacia lo vivo.

Oye mi corazón; se está moviendo.
Y esta música horrenda que no te conmueve
soy yo.

(Juan Eduardo Cirlot)

viernes, 22 de enero de 2010

Encontré una gran piedra gris
y le dije:

Tenemos que resucitar.

(Juan Eduardo Cirlot)

sábado, 16 de enero de 2010

Subí por la escalera
pero hacia abajo.


(Juan Eduardo Cirlot)

viernes, 15 de enero de 2010

Los restos de mi escudo, los restos
de mis guantes azules,
los restos de la bandera deshecha...

Mis restos me esperan bajo la lluvia.

(Juan Eduardo Cirlot)
Mis enemigos me combaten,
mis amigos no son mis amigos;
hay trozos de mi corazón por los campos
que aún lloran.

Pero las grandes torres negras
todavía se elevan
bajo un cielo purísimo.

(Juan Eduardo Cirlot)

miércoles, 13 de enero de 2010

Gritos y voces
contra un silencio inmenso.

La espada está naciendo en la pared.

(Juan Eduardo Cirlot)
El origen del hierro, el origen
del vidrio
habla en mi corazón.

(Juan Eduardo Cirlot)
El verdadero mar es negro con plantas grises y está lleno de sombras oscilantes. Su fondo perforado es un plomo que ha perdido los signos. El verdadero mar es negro.

(Juan Eduardo Cirlot)
Me paro ante los altos muros góticos;
maldigo las ortigas y la hiedra.

Miro mis cicatrices.

Un caballo de hielo duerme bajo la niebla.

(Juan Eduardo Cirlot)

martes, 12 de enero de 2010

Pasaban dos zapatos por el valle,
la tierra los oía temblando.

(Juan Eduardo Cirlot)

miércoles, 6 de enero de 2010

Memoria de la nieve

La nieve está en mi corazón como el silencio en las habitaciones de los balnearios: densa y profunda, indestructible.

La nieve está en mi corazón como la hiedra de la muerte en las habitaciones donde nacimos.

Y el tiempo huye de mí con un crujido dulce de zarzales.

Nieva implacablemente sobre los páramos de mi memoria. Es ya de noche entre los blancos cercados.

Cuando amanezca, será ya siempre invierno.

(Julio Llamazares)

sábado, 19 de diciembre de 2009

No nos dieron linternas,
ni gafas, ni lupa.

Nos apagaron la luz,
cerraron las ventanas y agotaron las velas.

Nos mojaron las cerillas,
quemaron nuestro petróleo y gastaron la piedra.

Nos arrancaron los ojos,
nos cortaron las manos y ataron las piernas.

Y esperando que fuéramos valientes
nos dieron el tiempo.

(Inmaculada Cerejido Samos)

viernes, 6 de noviembre de 2009

La niña del pelo corto

Además de los perros, me gustan los críos pequeños. Me refiero a los de cuatro, cinco años, o así. Apurando mucho, llego hasta los de siete u ocho. A partir de ahí empiezan a parecerse demasiado a los adultos en que tarde o temprano se convertirán. Deberíamos liquidarlos a esa edad, dice un amigo mío que no destaca por su filantropía. Herodes vio la jugada: habría que despacharlos cuando carecen de currículum y aún no son estúpidos, malvados o peligrosos. Antes de que se desgracien y nos desgracien a todos. Antes de que dejen de ser deliciosos animalitos para convertirse en basura y azote del mundo. Eso es lo que dice mi amigo, que es algo drástico. Yo no llego a ese extremo, pero denme tiempo. Es verdad que a veces me pregunto para qué crecerán. Para qué diablos crecemos.

El caso es que me gusta observar a los críos. Son fascinantes. Como los adultos somos imbéciles, creemos que funcionan sin ton ni son, en plan majareta; pero en realidad actúan y razonan según una lógica rigurosísima de la que sólo ellos poseen la clave. Son metódicos e implacables como un filósofo alemán. Cuando asistes a una discusión entre un niño pequeño y un adulto, al fin descubres, aterrado, que el más consecuente y lúcido siempre es el niño. A veces te miran con una fijeza tan extraordinaria, escrutándote los adentros, que terminas enrojeciendo, inseguro y confuso. Son jueces implacables y honrados; por eso resultan tan tiernos en sus afectos, tan crueles en sus combates, tan cabales en sus sanciones. Son lo que los adultos deberíamos ser un día, o siempre, y al cabo dejamos de ser y ya nunca somos.

Ayer me detuve ante la verja de un colegio infantil. El griterío se oía desde el otro lado de la calle. Era la hora del recreo, y correteaban por el patio los zagales, con sus babis los más pequeños y sus jerséis de pico los mayores. Estuve un rato viéndolos alborotar en corros, reír, pasarse la pelota. Siempre me fijo más en los niños que van por libre; los que juegan solos o vagan a su aire. Me quedo mirando al que camina marcando muy serio el paso militar, como si desfilara, al que desliza pensativo la mano por los barrotes de la reja, a la niña que habla sola mientras hace extraños gestos con las manos, al que corre emitiendo indescifrables sonidos con la boca, al que salta pisando el suelo como si aplastara cosas que sólo él puede ver, y me pregunto qué tendrán en ese momento en la cabeza, a qué ensueño mental, a qué pirueta de su imaginación prodigiosa corresponden aquellas actitudes exteriores que para nosotros, adultos razonables que encerramos en manicomios a quienes hacen eso mismo con unos cuantos años más, constituyen un misterio.

En aquel patio de recreo vi a la niña. Debía de tener cinco o seis años, llevaba el pelo muy corto y estaba sentada en un peldaño de la escalera con un libro ilustrado abierto sobre la falda. Leía con una concentración extraordinaria, ajena al griterío del patio, pasando las páginas enrocada en aquel rincón del mundo, en el refugio que el libro le proporcionaba. No leía con expresión plácida, sino obstinada; baja la cabeza, como si el esfuerzo de mantener a raya el bullicio circundante no fuera fácil. Se diría que aquella singular trinchera no se la regalaba nadie, sino que la conquistaba palmo a palmo, a golpe de voluntad. Enternecedoramente pequeña, sola y orgullosa, con su jersey de pico verde, su falda de cuadros escoceses y sus calcetines arrugados. Deliberadamente ajena a todo. Ella y su libro.

Fue entonces cuando levantó la vista y me vio al otro lado de la verja. Sonreí como un Hermano de la Costa le sonríe a otro, cómplice; pero la niña me miró suspicaz, sin devolver la sonrisa, y comprendí cómo ella realmente me veía: adulto, extraño, intruso, inoportuno. Aquella francotiradora diminuta, deduje, no necesitaba mi presencia, ni mi sonrisa de aliento; estaba lejos de mí y de todos nosotros, en el mundo creado por las páginas de aquel libro y por sus particulares ensueños. Construía un espacio propio, íntimo, en el que mi sonrisa y yo estábamos de más. Así lo demostró bajando de nuevo la vista, ignorándome con el resto del universo hostil que ese libro mantenía a raya página tras página. Y mientras me apartaba con sigiloso respeto de la verja, pensé: Herodes se equivocó. Quizá ella se salve un día. Tal vez esa niña solitaria y tenaz nos haga mejores de lo que somos.

(Arturo Pérez Reverte)

sábado, 29 de agosto de 2009

El laberinto de las herencias

Madre, de los cuatro hermanos,
yo heredé el menor número
de centímetros
y la mayor resistencia
para tumbarme, dejar de sonreír,
contener el miedo, estirar los brazos y
mirar dentro del cielo
o del botiquín.

Pero ando derecha por el mundo, madre,
y por la izquierda, como el padre.

Heredé la misma forma de tu risa
y la misma textura de tus lágrimas.
No heredé tu gusto por el victimismo,
pero sí tu tendencia natural para manipular
de forma invisible.

Heredé un trozo de vuestras casas
de protección oficial,
los balcones, supongo,
y tu entusiasmo por aprender.

Y no sé si fueron aquellas tardes
de plancha, con la abuela,
cuando hablábais de "la vida"
como una enfermedad incurable.
El caso es que dejaste para mí la peor
de tus herencias.
Este cortocircuito en el cableado
de mis neurotransmisores,
este nudo en las venas,
esta maraña de nervios
mal ordenados hacia mi cerebro,
estas ganas horrorosas
de llorar
o morir
a cualquier hora.
Esta vida sentida
como un clown ciclotímico.

Si no te hubieras muerto, madre,
compartiríamos benzodiacepinas
y platos pequeños para nuestro
fino esqueleto.
Si no te hubieras muerto,
te habría gustado mi vida,
mi hombre y mi hija.
Y habrías llegado a quererme.
Y puede, incluso, que algún neurotransmisor
hubiera recuperado su dirección.
Pero aquel quirófano
hizo realidad tu sueño
de aliviar el peso de tu vida.
Y tuve que heredar, también,
el mismo psiquiatra.
Él me ha enseñado a perdonarte
la herencia,
a emocionarme con lo pequeño,
a ingresar en la vida
con el nudo en las neuronas
y la serotonina inservible.

Y no te apures, madre,
si me tocó a mí
tu desarraigo crónico,
la fatiga de mis venas
huérfanas.
Tengo el corazón de hueso
y aprendí a flotar
antes que a nadar.

Madre, también he heredado
tu botiquín
y las mismas drogas que
te calmaban
tres veces al día.

Todavía tengo fuerza,
madre,
para darte
las gracias.



(Eva Vaz)

viernes, 28 de agosto de 2009

Operaciones matemáticas

Un poema es el resultado de multiplicar el silencio por sí mismo

(José María Cumbreño)

sábado, 22 de agosto de 2009

La guadaña y la muerte

La muerte es un ser literario que, por encima de todas las cosas, odia las historias mal contadas o resueltas con precipitación.
No cree en dios: cree en la retórica.
De ahí su predilección por la guadaña, cuya hoja curva mata dando un rodeo.

(José María Cumbreño)

martes, 19 de mayo de 2009

27 maneras de responder a un golpe (VII)




De repente el olor de las mimosas
como una antorcha que respira o como
una ola inmemorial que besa
la desnudez expectante de la playa.

No es más que la puerta
que se abre, pero pone en movimiento
un aire donde cuaja
toda la dulzura de este precario otoño.


(Jorge Riechmann)

jueves, 2 de abril de 2009

27 maneras de responder a un golpe (VI)

A París, una ciudad que no existe,
me llega la noticia:
Berlín
ha desaparecido.

¿Quién da un paso hacia el centro del invierno?

La angustia dúctil se me enrosca en el vientre.
Hoy tengo ancianos los ojos cuando todo

todo está aún por hacer.

(10 de noviembre de 1989.)


(Jorge Riechmann)

martes, 31 de marzo de 2009

27 maneras de responder a un golpe (V)

La posguerra por ejemplo en Grecia
es una guerra que se prolonga
por ejemplo dentro de un campo de concentración.

Yannis Ritsos
garrapatea papeles desgarrados
en los retretes o bajo la manta.
Después esconde los poemas
en botellas vacías que entierra
por si la guerra finalizase algún día.

Los dibujos sobre las piedras
mantienen a raya a la locura.

La posguerra, esa guerra inacabable.

(Jorge Riechmann)

viernes, 27 de marzo de 2009

27 maneras de responder a un golpe (IV)

La esperanza ya ausente de un rostro libre:
el cielo ensangrentado se agacha y lo besa.

La larga caravana de los carros
atestados con enseres inmemoriales, urgentes
apunta hacia una estepa donde se ignoran los nombres.
La derrota tiene latidos quebradizos.

El pasado es ya una casa donde la nieve
va cubriendo las colchas y la mesa.

Un rostro libre, ya bruñido de éxodo.
Yo no lamento
haberle sostenido la mirada
diecisiete años antes de mi nacimiento.
(Jorge Riechmann)

viernes, 27 de febrero de 2009

27 maneras de responder a un golpe (III)

He perdido la partida.

Me confié, subestimé las fuerzas
de mi adversario. ¿Cómo no hacerlo?
Grande era cual fronda de destrucción, profundas
sus raíces invisibles; pero tamaño goce en la muerte
desafiaba la imaginación.

Los primeros intercambios de golpes
fueron casi un juego, un modo apenas hostil del conocimiento.
¿Queríamos estrangularnos o abrazarnos?
La situación parecía abierta y los momentos decisivos
aún por venir. No me daba cuenta
de que habían pasado ya y cada minuto perdido
redundaba en beneficio suyo
sumaba hierro y cieno a mi derrota.
Mi implacable adversario
economista del tiempo
feroz equilibrista de lo irreversible.

Estoy perdido.
La falta de imaginación me condenó.
Ya todo el tiempo restante se lo descuento a la muerte.


(Jorge Riechmann)

lunes, 23 de febrero de 2009

Seven things you may not know about me

Pues sí, a mí también me ha llegado el reto de escribir 7 cosas que podrías no saber de mí. Sé que no concuerda demasiado con la tónica habitual del blog pero quedaría muy feo no afrontar el reto (bueno, vale, no es para tanto).

1. Conocí a mi marido por Internet, sí, soy de esas personas.
2. De pequeña gané un par de medallas en torneos de lucha leonesa (ahora se me acercará menos gente todavía)
3. Tomé el biberón hasta los 10 años (eran de leche con cacao) y si mi hermano no me hubiera puesto entre la espada y la pared puede que lo siguiera haciendo.
4. Me muerdo las uñas, sí, soy muy nerviosa y no puedo controlarlo
5. Tengo una fobia tremenda a los ruidos de petardos, botellas que son descorchadas, globos que explotan, etc. Es mejor que no trateis de gastarme una broma con esto porque os veréis obligados a llevarme al hospital.
6. No soporto que la gente haga ruido al comer
7. Me pongo de muy mal humor si me veo obligada a salir con el pelo sucio a la calle

Como veis no tengo una vida muy emocionante, pero es lo que hay :)

sábado, 14 de febrero de 2009

27 maneras de responder a un golpe (II)

Los hay que mueren de silencio
de tragarse demasiadas palabras y del cólico fenomenal que sigue
y los hay que mueren por hablar demasiado
pues las paredes --al contrario que las tapias, que están sordas-- oyen.

Los hay que mueren de cansancio
de todo lo que hay que cambiar para que nada cambie
y hay quien muere de aburrimiento
en esta feria universal donde continuamente ocurren cosas
y nunca pasa nada.

Hay quienes mueren de miedo
ante la mera sospecha de que podrían darse de bruces
con la verdad de sus actos
y hay a quienes les da tanto coraje
que alguien pudiera sospechar que hay una verdad tras sus actos
que sencillamente se mueren.

Los hay que no mueren nunca
porque ya están muertos.


(Jorge Riechmann)

jueves, 12 de febrero de 2009

27 maneras de responder a un golpe

El rocío suplica a la montaña
que se quite la sal de los labios:

Pero a ella están talándole las faldas,
no tiene tiempo.


(Jorge Riechmann)

lunes, 9 de febrero de 2009

El mar contiene al mundo


No nos deja olvidar

pues cada ola
es un recordatorio
bramando
nuestra muerte
hacia la orilla.

(Rosana Acquaroni)

viernes, 6 de febrero de 2009

Máquina Temeraria

Máquina temeraria.
Yo soy la que comienza a no existir.
Mientras ella
se preña
se atraganta
con mis escritos de la tarde.
Desordena
quiebra
despedaza
se adueña
sabe
que yo la escucho desde dentro.


(Rosana Acquaroni)

lunes, 26 de enero de 2009

A mi padre (perdón por no tener ninguna foto tuya)

Tú no estarás. Ya no.
En la última tarde tu mirada tenía
un dolor a jardines descuidados,
una luz huidiza y astillada,
un caminar de hombre con mirada de trapo,
y un corazón tartamudo.

Llevabas un temblor de naufragio y una venda en los ojos.
El temblor también es una forma de mirar.
Y tú temblabas mientras tu luz caía.
Crepitar es caer. Pero hacia dentro.

Estaba requiriendo una llamada.
Estabas demorándote
en aquellos días primeros del verano,
contra un presentimiento de invernadero triste,
de sangre requisada.

Perdido en las aduanas del corazón.
Supe que te morías por tus ojos.
Esos ojos que eran
con dolor a madera,
con sabor a manzanas,
párpados de cobre
como cofres de lluvia
que se abrían con lástima.

Ahora todo es ausencia.
Los pájaros que encuentro,
el crujir de la tierra sobre la mansa lluvia,
el llanto de los niños detrás de las palabras.

A veces el pensamiento se ensombrece de pronto
y declina el mundo aún más deprisa
y nos sobreviene una noche destemplada, una herida negra.

Sé que me buscaste.
En esa larga noche de imperdibles sin rumbo,
en el instante mismo en que tu cuerpo
se astilló para siempre
y tu llama empezaba a ser fractura,
témpano,
camisa desplomándose.

El verano se acaba.
y los recuerdos ruedan
sobre los empedrados negros
como regueros de sombra.

Y es cierto que tal vez puedas vivir años y años
sin regresar de una sonrisa

Y tú estás regresando
con el verdor de los arces en la lluvia
sobre la claraboya más blanca de la luz.

Y tu frente ha tomado
la difícil transparencia del brezo o la retama.

Y veo descarriarse de pronto
aquel ovillo de lana triste
que fue toda mi infancia,
aquella habitación de costurera
aquel balcón solaz
que de muy niña

se asomaba al clamor hirviente de las calles,
y ahora lo veo todo
irse desmadejándose encima de tu cuerpo,
detrás
detrás
detrás
y todavía

mi pequeño puñal de niña sin palabras,

DEPRISA,
MÁS,
CAER
Y SIN EMBARGO,
un cuerpo que se rompe,
EL CABO FINAL DE LA MADEJA,
aquel reloj de arena creciendo
desmesuradamente

mientras cae
cada pequeña muerte en granazón,
y todas se reúnen,
y la arena se agranda
hasta cubrir toda la habitación
con un murmullo seco de sombras alejándose.

En este sueño, padre,
puedo verte jugando con mis manos.
Cuando las manos eran cálidas y obradoras.

Lápices de ternura,
que nos llevaban siempre a emborronar los sueños

(Rosana Acquaroni)

sábado, 24 de enero de 2009

Figuraciones

Atravesé el espejo
pesqué del pelo al tiempo
y cabalgué con él
al otro lado.
Si regreso
se incrustarán en mí
los vidrios rotos
y en un tiempo sin tiempo
me hundiré.


(Claribel Alegría)

jueves, 22 de enero de 2009

No tuvo ayer su día


Ya desde muy temprano,
ayer fue tarde.

Amaneció el crepúsculo, y al alba
el cielo derramó sobre la tierra
un gran haz de penumbra.

Cerca del mediodía
un firmamento tenue e incompleto
-¿cifra de nuestra suerte?-
brillaba todavía en el espacio.

(La luna
no iluminaba al mundo;
su cuerpo transparente
nos permitía tan sólo adivinar
la existencia más alta de otro cielo
inclemente también, inapelable.)

Seguimos esperando, sin embargo.

Imprecisas señales
-un latido de pájaros, a veces;
el eco de un relámpago;
súbitas rachas de violento viento-
nos mantenían alerta.

A la hora del ocaso
salió un momento el sol para ponerse
y confirmó las sombras con ceniza.

(Ángel González)

martes, 13 de enero de 2009

Fotografía

Me estás robando el alma mientras me haces la foto
y con cada disparo fabricas un cadáver.
¿Dónde estarán mi tiempo
y mi respiración y la inconsciencia
con que se mira al mundo, si miro a un asesino?
Posar para una foto es simular la vida
y la casualidad.

Por eso,
quien esté en el papel no seré yo
sino mi fingimiento y tu versión de los hechos.

Tú eres bueno en tu oficio.
Yo engaño al Cíclope y me llamo Nadie.

(José Luis Piquero)
(La mujer de la foto es Chan Marshall)

domingo, 7 de septiembre de 2008

La infanta anatomista


Escuché a una niña de voz negra
nombrando sus huesos:
los describía y los ubicaba en su cuerpo.
Un animal hablado
La miraba y se complacía.

Por qué les enseñan estas cosas a los niños.
Voy a retirarme de esas muertes
cuando descanse
y una aureola tumultuosa
diga ser mi obra completa.
Vi a la niña que sabía de huesos
soplando sus manos que eran todo cenizas
mientras otros cortejaban su erudición
y la aplaudían.
La oí decir que los pájaros no tienen esqueleto.
Fue su último exabrupto de inocencia.
(Cecilia Borio)


lunes, 25 de agosto de 2008

Nada ha bastado aún para destruirme aunque
tengo la sensación de haber sido destruido.


(Bruno Marcos)

jueves, 31 de julio de 2008

A veces, cuando la luz

A veces, cuando la luz incide en extraños ángulos
y te devuelve a la infancia

deambulando por una mansión desvencijada
totalmente oculta bajo viejos sauces

o un convento abandonado que guardan la cicuta
y abetos gigantescos erguidos flanco a flanco,

de nuevo sabes que allende ese muro,
bajo la indómita cabellera de los sauces

persiste algo secreto,
tan maravilloso y peligroso

que si te adentraras y contemplaras
morirías, o serías feliz por siempre.

(Lisel Mueller)

lunes, 23 de junio de 2008

Deseos

Un chal para mis hombros,
cubrídmelos
con algo inútil y reconfortante.

Ojalá cada noche
tuviese dentro
una campana o una lamparita,

no sé qué soledad de niña enferma,
qué desamparo de ángel me estremece,

cómo desearía
un cuento,
una muñeca,
una sopa de lluvia con su yema amarilla,

un dibujo animado de elefantes
o una buena película de barcos,

felicidad concreta
por una sola vez...

(Ana Isabel Conejo)

sábado, 14 de junio de 2008

Volveré

Volveré luminosa y perdida.
Me quitaré los terciopelos negros
del modo en que me miras,
y sabré que esta noche es todo lo que tengo.

(Ana Isabel Conejo)

miércoles, 11 de junio de 2008

Estrellas

Vivo en un mundo torpe de ladrillos mojados por la lluvia
donde cerrar los ojos ya no basta;
porque ahora viven también dentro los ladrillos,
forman paredes sucias, que dividen mi intimidad en cuartos
y pensamientos y tristezas.
Escapar.
Puedo cerrar los ojos y las manos y pensar en la nada;
recorro con el alma todas las ciudades del mundo.
Pero invariablemente tengo que volver
al patio en obras, a la vulgaridad de las comidas;
todo porque ellos renunciaron, se conformaron
siempre,
decidieron
dejar de lado las estrellas.
Y yo delante de ellos nunca menciono las estrellas.
Luego, cuando estoy sola, repito las palabras que me gustan:
Estrellas, estrellas, estrellas;
y después las escribo.
No hay mundos ideales, pero existen espíritus
que no se conformaron,
que hicieron sus paredes de luceros vespertinos,
y viven siempre en las alturas, y nunca tienen miedo.


(Ana Isabel Conejo)

miércoles, 16 de abril de 2008

16 de abril de 2008

La soledad se desnuda en tus ojos,
muchacha interminable, extensa en la amargura;
quizá un muerto fugitivo te anida
y te cruza la sangre y, en la sangre, anochece.

(Antonio Gamoneda)
Te beberé el cabello
y cerraré los ojos.

Tú seguirás manando
tu cabello
turbio de besos.

(Antonio Gamoneda)

martes, 15 de enero de 2008

15 de enero de 2008

Un silogismo concluye la muerte de Dios
pero también la muerte del hombre
que razona el silogismo.

Un silogismo queda entonces bailando solo
con el trabajo de ser
un nuevo Dios
que invente al hombre.

(E. F. Iancilevich)

lunes, 14 de enero de 2008

Hoy, por tu culpa

I

Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.


II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.


III

Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.


IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.


V

Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.


VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.


VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.


VIII

Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.


IX

Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.


X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.


XI

Al negro sol del silencio las palabras se doraban.


XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.


XIII

Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.


XIV

La noche tiene la forma de un grito de lobo.


XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.


XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.


XVII

Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.


XVIII

Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.


XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

(Alejandra Pizarnik)

Ofrenda

Alguna vez,
cuando llegue a estar vacío
cerraré la puerta y arrojaré
la llave;

sí,
hay que arrojarse afuera
como una ofrenda sin retorno,
como un regalo que nadie acoja.

(Hugo Mujica)

jueves, 29 de noviembre de 2007

Reflexiones de Ícaro

Son de cera mis alas
pero vuelo
y seguiré volando
aunque el sol las derrita
y me desplome.
No quisiera ser rey
de tierras desoladas
sin árboles
sin ríos
sin manos que abran puertas.
A través de sus lágrimas
me contempla mi padre
quizá me llamen loco
temerario
poeta
mas seguiré volando
alzándome hacia el sol
estoy llorando ahora
no quiero ver más cuervos
ni escuchar sus graznidos
se está encogiendo el mar
se borra el horizonte
me acerca
estoy llegando
las nubes son mi tumba.


(Claribel Alegría)

sábado, 24 de noviembre de 2007

Hermes

Te llevo prisionero
en mi anillo
tus sandalias aladas
me arrebatan
eres lira en mis manos
luz de sombra
buceo en mis abismos
con tu luz
y encuentro desiertos
sirenas extraviadas
que sollozan
pero hay también infancia
crepúsculos con playas.
Vas marcando mis pasos
escribo enfebrecida
buceo en el pasado
en el presente
y pierdo el equilibrio
y caigo
y caigo.
No me hagas profecías
no las quiero
no quiero que se anclen
mis sentidos.
Necesito tu hoz
para cortar instantes
para talar cosas imposibles:
alfabetos
y músicas
y sueños
y hacerlos brillar
en mi penumbra.
Te llevo prisionero
en un anillo
pero eres tú
quien me fustiga.

(Claribel Alegría)

domingo, 18 de noviembre de 2007

En este caso: A mi padre

Dicen que la muerte es solitaria
que nos morimos solos
aunque estemos rodeados de aquellos que nos aman
pero tú me llamaste
y yo no estuve:
no te cerré los ojos
no te besé la frente
no te ayudé a pasar
al otro lado
estuve lejos
lejos de ti que me alumbraste
me nutriste
educaste mis alas.
No cumplí con el rito
estuve lejos
lejos
y ese es el sollozo que me arrebata en olas
en cúpulas
en grutas
y no puede salir
y me persigue en sueños
y me ahoga.
Perdóname, libérame
necesito aullar
batir tambores
un golpe en la cerviz
un estallido
para arrancar de cuajo este sollozo
y no invocarte más
en desolados
versos.

(Claribel Alegría)

viernes, 16 de noviembre de 2007

Artemisa

Eres la triple diosa
la triple diosa luna
que engendra en mí
visiones.
Disparas desde lejos
y asciendo
y desciendo
me llevas de la luz
a las tinieblas
y otra vez a la luz
y al terror.
Eres la madre buena
la de múltiples pechos
que nutre todo lo que vive
la virgen cazadora
queriendo atravesar el horizonte
la voraz taladora
la fuerza que me arrastra
y me transforma.
Nuestro vuelo es nocturno
y volamos
volamos
Artemisa
y yo bebo tu leche
y cruzamos galaxias
y amamanto serpientes
en mi vuelo
y acuno a la muerte
entre mis pechos
y la muerte está viva
resplandece
y sigo el vuelo de tu flecha
y te pierdo
Artemisa
y desciendo al abismo
y en la muerte se encoge
y se me vuelve momia
y estoy aquí de nuevo
con los ojos abiertos
vieron su oscuridad
en las estrellas
y no quieren cerrarse
y hay en ellos tierra
y hay polvo estelar.
Ayúdame
Artemisa
los párpados me pesan:
una canción de cuna
o tu certera flecha.

(Claribel Alegría)

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Aferrada

Aferrada a tu luz
atravieso mi tiempo
ha habido y habrá
inesperados vientos
huracanes
tormentas
y sequías,
pero sé desde siempre
que tú me sostendrás.


(Claribel Alegría)

domingo, 11 de noviembre de 2007

No estoy sola



No estoy sola
ni lo estaré jamás
me acompaña tu ausencia.


(Claribel Alegría)

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Hoy que estoy triste como tantos otros días (7 de noviembre de 2007)

Estás vivo en mi pecho
y sólo yo te siento.
Eres el alquimista
que transforma en poesía
nuestro llanto.

(Claribel Alegría)

martes, 30 de octubre de 2007

Salí a buscarte

Salí a buscarte
atravesé valles
y montañas
surqué mares lejanos
le pregunté a las nubes
y al viento
inútil todo
inútil
dentro de mí estabas.

(Claribel Alegría)

domingo, 7 de octubre de 2007

Silencio

"En un tiempo deseé saber hablar cosas triviales como hacían los demás en las conversaciones y no quedarme al margen de ellas. Ahora que aprendí tantas cuestiones banales prefiero guardar silencio."
(Francisco M. Ortega Palomares)

jueves, 4 de octubre de 2007

4 de octubre de 2007


Mi padre enfermo de sueños
en el asfalto incandescente de cien mil mediodías caminados
bajo el sol en vertical
perdió sus pies
y apoyado en sus rodillas sigue buscando
el camino de vuelta a casa.
Mi padre sueña,
rendido por el cansancio,
que vuelve a su tierra y planta sus piernas y le crecen pies jóvenes
y la savia de su tierra negra le alivia el dolor de las arrugas
y resucita sus cabellos muertos.
Luego despierta en un piso alquilado a la ciudad de los huracanes de la miseria
y blasfema y maldice y no tiene amigos.

Escondido en la noche
papá llora por las certezas que lo defraudaron.
Del otro lado de su piel
mamá llora por mamá
mamá llora por su casa que ya no habita
y por paz y reposo y risa.

Papá y mamá lloran
cada uno a espaldas del otro en la cama
en el más crudo estruendoso hermoso silencio
que modula en frecuencias infrahumanas
sonidos que se articulan como palabras:
"Si aquí no están mis sueños
cómo puedo dormir aquí"
Y que sólo yo escucho
con la cabeza enterrada en la almohada.

Concebida de la nostalgia
nací con lágrimas en el sexo, con tierra en los ojos, con sangre en la cabeza.
No soy lo que soñaron
como tampoco lo son sus vidas.

(Miriam Reyes)

martes, 28 de agosto de 2007

Lluevo

(28 de agosto de 2007: Te echo de menos cielo)

Lluevo en esta ciudad
envuelto en frío, en aguacero, en noche,
y cuanto toco queda convertido
en una calle solitaria y triste
hecha de casas muertas, y en farolas
de cuyo resplandor nacieran ruinas
y a millones las cruces.
Lluevo sin tregua en todos los rincones,
sobre puertas cerradas y en abiertas
alcantarillas ciegas que se llevan
hasta el mar las estrellas.
Mi corazón es charco y cuando anclan
en él las negras nubes
no pueden ser más náufragas,
y con sólo morirme me confundo
en un luto de pájaros.
Lluevo sobre las ramas
desnudas de los árboles y lluevo
dormido sobre el banco de ese parque
constelado de sueños que mendigan
a las sombras que pasan,
por la mucha tristeza de las cosas
que se acaban.
Y a manos llenas lluevo en el cristal
de la fosca ventana de mi estudio,
y las gotas que lluvian
mi corazón por dentro
son las mismas que bajan y resbalan
trazando bellos signos
que podría leer, si no tuviera
en los ojos mi lluvia tantas lágrimas.

(Andrés Trapiello)

lunes, 27 de agosto de 2007

GORRIÓN

Nadie pudo escribir con mejor letra
que el pájaro en la nieve esta mañana.
Yo me llamo gorrión y te lo digo
en trazos cuneiformes sin temor
a que lo lean otros. Sólo el sol,
y nada más que el sol, podrá borrarlo.

Andrés Trapiello

domingo, 12 de agosto de 2007

[1]

Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.

De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.

Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.

Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás ,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.

Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
- la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo.
(Pedro Salinas)

sábado, 4 de agosto de 2007

El Río


Para mí qué encanto tiene un río
con barcas en la orilla.
Estarse junto al agua y ver correr
voluptuosas nubes en su ancho caudal.
Hacerse un sitio allí, en la maleza
azulada, un hueco donde ver
cómo es cosa de poco nuestra vida
y no ser vistos. Y mirar las barcas
tensando y destensando
un cuerda de esparto en la verde
corriente, con el agua de la lluvia
pudriéndose en sus tablas. Esperar
la tormenta y contemplar el cielo
vagabundo y morado. Oír el ruido
de gotas en el río, sus castillos
como timbales delicados.
Y pensar, si se puede,
en quien amamos mucho
o si entonces no amamos, no pensar,
no pensar, no pensar.
Y volver nuestros ojos
a ese mudo transcurso, y vacíos
quedar sin que sepamos
cuánto tiene de sueño
el frío y el dolor
y esas barcas sin gente
chocando unas con otras
o si podremos despertar un día.

(Andrés Trapiello)

miércoles, 25 de julio de 2007

La carta




He encontrado la casa
donde te llevaré a vivir. Es grande,

como las casas viejas. Tiene altos

los techos y en el suelo,

de tarima de enebro, duerme siempre

un rumor de hojas secas

que los pasos avivan. A los ocres

de las paredes nada ya parece
retenerles aquí. Igual que frágiles

pétalos, largo tiempo olvidados

en un libro, amarillean todos.

Entre rejas, trenzado,

un rosal sin podar.
En el jardín pequeño, una fuente

y un fauno. Y me dicen

que también unos mirlos.

Cuando en los meses fríos del otoño,

al escuchar sus silbos

cobren la vida tus ojos, en el verde

del agua miraré contigo

cómo mueren los días.

Cómo se vuelve polvo en esos muebles

oscuros tu silencio

que azotará la lluvia

allí donde te encuentres.

(Andrés Trapiello)

miércoles, 11 de julio de 2007

Fragmento


...Cuando volvía,
los versos se estrellaron contra el suelo,
y la sangre brotó de cada letra;
me llamaste asesino,¿cómo no serlo?
Los poetas, decía mi sabio Amigo,
no servimos para enamorarnos.
Y sin embargo nadie es poeta sin haberlo estado alguna vez.

(Enar Marie Fianna)

martes, 3 de julio de 2007

Mi presencia ausente

Me miro en un espejo que no refleja nada porque hace tiempo se lo llevaron. Ahora tengo la pared frente a mí y pienso en todos mis rostros reflejados que se fueron con él, impresos en su memoria, tras el cristal y sobre la emulsión de estaño.

Por lo menos quedé yo, y mi sombra.

(Pablo Paniagua)

viernes, 29 de junio de 2007

Fragmento

"Sin duda, esta opinión no contará con la aquiescencia ni de los estudiosos conservadores ni de los que se consideran revolucionarios. Ambos grupos están afectados por igual de un temible fervor y un engreimiento relamido que les impide ver que el mundo no está pendiente de sus palabras."

Nigel Barley "El antropólogo inocente"

miércoles, 13 de junio de 2007

Número Seis





Me besa, me desnuda, hace de mí lo que quiere
estoy borracha, todo me da vueltas, tengo que ir
al baño dos veces para no vomitarle encima

se marcha temprano a toda prisa, no hay despedida
nota justificativa o teléfono de contacto, sólo dudas
todos los hombres son príncipes a las cinco de la mañana

todas las putas son tú cuando despiertas y no hay nadie.


( Pablo. G. Casado)

martes, 12 de junio de 2007

Ecos de una sombra




“Él marcha solo, infatigable,
encarcelado en su infinito, como un fantasma que buscara un cuerpo”

lunes, 11 de junio de 2007

febrero de 1974


-“Nick, estás teniendo problemas con las palabras...” –“Si, no puedo pensar en palabras. No siento ninguna emoción respecto de nada. No quiero reír ni llorar. Estoy insensible, muerto por dentro”.


martes, 5 de junio de 2007

Dificultades

"Debes saber que esto también pasará"




Ayer volví a bloquearme, no sé qué me ha pasado. No era capaz de hacer que mis músculos obedecieran a mi cerebro. Espero no enfermar otra vez.

miércoles, 30 de mayo de 2007

5 de junio de 2004

Papá, no te olvido.
No olvido la tarde en que subí a tu casa a verte, era viernes, te llevábamos la compra: naranjas para hacer el zumo que tanto te gustaba, jamón, cecina... Estabas alegre, o al menos lo parecías. Recuerdo que ese día te dije: papá, voy a estudiar enfermería para cuidarte. Tú te medio reíste con un aire de incredulidad. Nos fuimos, seguimos con nuestras vidas.
5 horas más tarde estabas muerto. Sigo sin entenderlo papá. Nunca te dije Te quiero.




Una noche mis padres
se hicieron de pronto viejos.
En un abrir de amanecer
todo el tiempo del mundo
se les vino de golpe
y sólo el viento negro
irrumpió en aquel templo
que era el cuerpo menudo de mi padre;
desordenó su corazón,
desbarató el altar sencillo de su rostro
y fue desordenándolo todo
tan despacio,
con una crueldad innecesaria.

En sus últimos días
tendía con angustia
la mano al infinito,
a quién sabe qué ángel
que le aguardaba dónde
mientras la muerte,
sin prisa,
lo iba poseyendo.

(Andrés Aberasturi)