jueves, 14 de octubre de 2010

(A mi padre)

En mis ojos se agolpa repentina la luz. Como si tú, de pronto, volvieras a la vida.

(José Ángel Valente)
De tu anegado corazón me llega, como antes tu voz, el vaho oscuro de la muerte. Habítame con ella. Ni siquiera la muerte pueda de mí jamás arrebatarte.

(José Ángel Valente)

domingo, 26 de septiembre de 2010

Lugares comunes

Buscaba el amor y me tropecé contigo.
Tú venías del amor y lamías tus heridas
con la misma ansiedad furtiva que mi pecho.
Yo no sabía qué pensar, y no pensé;
cómo iba a sospechar de tu lengua pasajera
si yo quería quererte tanto que apenas te conocí.
El eco de dolores antiguos te reclamó
y aquel mismo día me dijiste que te ibas.
Ya no estabas ni estarías, mi geografía
se estancó donde todos los rincones
eran un solo vacío. Y así quedé errando
en la tierra yerma de tu ausencia,
lamiendo tu nombre y sus heridas,
forzando otros tropiezos de lujuria y tambaleo
que me pierden sin quererlo en un lugar llamado amor.

(Sergio Rodríguez)

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Antología - E. E. Cummings

El chico de Doll duerme
bajo una escalera
y ve a veintiocho
señoras en fila

la primera señora
dice a nueve de las señoras
que sus labios beben agua
pero su corazón bebe vino

la décima señora
dice a nueve de las señoras
que deben encadenar sus pies
pues sus muñecas son demasiado finas

la decimonovena
dice a nueve de las señoras
quedáos con su boca
pues sus ojos son míos.

El chico de Doll duerme
bajo una escalera
por cada milla que avanzan los pies
el corazón avanza nueve.

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Doll's boy's asleep
under a stile
he sees eight and twenty
ladies in a line

the first lady
says to nine ladies
his lips drink water
but his heart drinks wine

the tenth lady
says to nine ladies
they must chain his foot
for his wrist's too fine

the nineteenth
says to nine ladies
yout take his mouth
for his eyes are mine.

Doll's boy's asleep
under the stile
for every mile the feet go
the heart goes nine.



domingo, 25 de julio de 2010

Cuando el coñac
y el anís
se funden,
el hielo amanece
y el sinsabor
me vacía, hacia el vómito.
Entonces
hasta mi bilis
te necesita.

(Felipe Zapico Alonso)
Cae la tarde
aplastándome,
viene la sed
y la sed me seca.
La noche mortuoria
humedece mis tejidos,
cae el día
cae la noche,
y me aplastan
me aplastan.

(Felipe Zapico Alonso)

viernes, 23 de julio de 2010

Nunca tomaré ya
el tren para Nueva York.
Olvidaré el raíl,
al revisor,
los tejados nevados,
tu cuerpo abrasándome,
recordaré
el precio del billete
y tu mirada al mentirme.

(Felipe Zapico Alonso)
Son los días los que pasan,
sólo los días.
Tú permaneces
hiriente,
y no faltas ni un sólo día.

(Felipe Zapico Alonso)

jueves, 22 de julio de 2010

El columpio
había quedado roto
los niños lloraban
y tú sólo pensabas
en librarte de mí,
en romperme.

(Felipe Zapico Alonso)
Acopié gozos
llegó el yermo
y fue tanta la tristeza
que sólo pude escribirlo.

(Felipe Zapico Alonso)
Me has dejado en barbecho
soy casi un erial,
para ti,
un desierto.

(Felipe Zapico Alonso)

domingo, 18 de julio de 2010

No volverá a ser hoy
hasta que pasen cuatro años.
Te habré olvidado,
me habrás deseado.
Los tumultos se sucederán
y tu letargo irá en aumento
seguiré viviendo sin sentido
mientras tú dejas escapar la vida.

(Felipe Zapico Alonso)
Estabas rota,
nuevamente estabas rota,
te recompuse
desprotegiendo mi dolor
y destrozando mi locura
mi ingenua ternura
rompiste mi valor
sosegaste mi caja de Pandora.
Ahora, desmadejado,
recompongo la alambrada
fortifico la muralla
desbarato la cordura.

(Felipe Zapico Alonso)

jueves, 15 de julio de 2010

No sé nada

Ahora tengo que hacer que no sé nada
que no me entero.
Como si no supiera reconocer
que alguien de carne y hueso
-sobre todo de carne-
está en su cabeza.
Como si no conociera
esa falta de atención
y esos larguísimos monólogos.

(Rafael Álvarez Nogal)

Los números

Me gusta escribir las cuatro letras del número tres
y las seis del número cuatro.
Nos miramos cinco veces
antes de besarnos
y no sé cuántas veces antes de decirte ¿bailas conmigo?
Nunca he conseguido contar tus vértebras
ni me ha dado tiempo
a masajear tus diez dedos de los pies.
Conozco bien tus pares
y de los impares y blandos
no es el momento de hablar.
Siete pasos dimos de la mano
hasta que me la soltaste
y de eso hace dos años y medio.
Sesenta pulsaciones no sé cuándo
pero muchas más si me besas con los ojos cerrados
durante más de ciento veinte segundos.
Entrelazas tus cinco dedos
en los cuatro huecos de mi mano
y mis pensamientos van a mil
y mi corazón
que momentáneamente tuvo cero contracciones
despierta y me instala en una sonrisa infinita.
Creo que ese infinito más uno
debe ser la felicidad
un lugar donde no hay números
y no existen dimensiones.

(Rafael Álvarez Nogal)

miércoles, 14 de julio de 2010

Pasar el trago

Debes pasar el trago tú
pero no te veas sola ni desasistida.
Estoy
y te quiero.


(Rafael Álvarez Nogal)

martes, 13 de julio de 2010

Farolas

Nos perdimos de vista.
No supimos nada en años.

Fue al volver la esquina
al atardecer
con las farolas encendidas
donde te volví a ver.

(Rafael Álvarez Nogal)

lunes, 12 de julio de 2010

Te podría hablar

Te podría hablar del otoño
desde una playa en agosto.
El otoño es hermoso
te abrazo en la calle con más ropa que ahora.
Te podría hablar
de hojas y setas
de atardeceres plácidos
y a veces de la presentida nieve.

Te podría hablar del invierno
desde una playa en agosto.
En invierno la ropa abriga
lo sé porque al llegar a casa
tienes solamente la cara fría.
Lo sé porque te repaso el cuerpo entero
sin importar el orden de la ropa
ni ningún otro orden.
Te podría hablar de la nieve real
de heladas, nieblas
y vahos.

Te podría hablar de la primavera
desde una playa en agosto.
Los días se alargan
y puedo ver el reflejo del sol en tu cara
hasta más tarde.
Me detengo
y ocupo minutos en ver el sol mortecino en tus ojos
mientras lees.
Te podría hablar de la explosión verde
de los árboles, del croar de las ranas
y de hormonas.

Te podría hablar del verano
desde una playa en agosto.
Levanto la vista
y te veo jugar con tu hijo en la playa
y creo
mientras te escribo estas líneas
que las estaciones
el transcurrir del tiempo
y las sonoras olas
se reúnen en la forma en que te miro
y te amo.

(Rafael Álvarez Nogal)

domingo, 11 de julio de 2010

Mimo

Transformado en mimo me agacho
tomo una inexistente flor
la huelo
y te la ofrezco.
Lo fantástico es que tú la recoges
la hueles
se te humedecen los ojos
y como yo
te impregnas de intangibles.

(Rafael Álvarez Nogal)

viernes, 9 de julio de 2010

Amor

Los dos enmudecieron ante la nieve. Él no cree que el lobo le ame, pero fue incapaz de dispararle.

(Jesús Díez Fernández)

sábado, 17 de abril de 2010

El bar abierto

Hay un bar abierto
con música a todo volumen,
pero con mucho, mucho silencio.
Una ciudad con un extraño ruido.
Una mujer me dice, quédate
a descansar esta noche.
Miro a los ojos del camarero
y veo las zarpas de un tigre negro.
Miro en el mapa el nombre
de esta ciudad pequeña.

Soy el hombre que se olvida de todo.
He vuelto a casa y nada recuerdo.
Mi sombra se mueve despacio
por todas partes
con su cerebro roto.
Una ciudad pequeña
lamiendo con sus dedos
los pliegues de mi memoria.
Quédate conmigo,
quédate esta noche, me dice.


(Kepa Murua)

viernes, 16 de abril de 2010

Un día negro

Te diré lo que es un día perdido.
Pensar en el sol cuando llueve.
En el calor cuando hace frío.
En el vacío cuando no eres nadie.

Te diré lo que es un día extraño.
Reprimir una lágrima con fuerza.
Pegar una bofetada al aire.
Escuchar de tu boca un grito.

Te diré lo que es un día sin aliento.
Salir por salir a la calle.
Besar una lengua sintiéndola seca.
Mirarte y no reconocerme en el espejo.

Te diré lo que es aciago por dentro.
Permanecer callado ante lo evitable.
Confundir el mundo con el engaño.
Pensar que todo está en orden.

Te diré lo que da de sí un maldito día.
Quedarte quieto cuando tienes miedo.
Sentirte salvado mientras no te salvan.
Silenciarte la boca para no equivocarse.

Te diré lo que es un día herido.
Rodar por la zanja del tiempo.
Vendarte los ojos para que te perdonen.
Pensar que todo está dicho.

Te diré lo que es sentirse aislado.
Ser un poeta a todas horas.
Ser un hombre a plena luz del día.
Pensar que nada tiene remedio.


(Kepa Murua)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Nuevo poema de los años idos

El tiempo
se desprende del árbol de lo eterno
para existir con levedad de hoja
cayendo hacia la nada de sí mismo.
Los siglos años son, los años pasan
hacia los meses que en resueltos días
equivocan su rumbo hacia las horas
vertidas en agónicos segundos
donde cabe la historia.

(Gilberto Prado Galán)

domingo, 31 de enero de 2010

Ven a verme llorar,
no lloro con los ojos ni con el pensamiento;
lloro con las entrañas, con los dedos quemados,
con la frente rajada por cuchillos
y con la llaga en llamas que yo todo soy.

Desciende del palacio, ven
a verme llorar.

Verás un monasterio cuando se despedaza
y verás dos mil años en sólo unos momentos,
o en un tiempo tan largo que la historia del mundo
no llena su interior.

(Juan Eduardo Cirlot)

domingo, 24 de enero de 2010

Así acontece ya con cada instante.
El sonido es la muerte que todavía resiste
y levanta, sin manos, un gesto hacia lo vivo.

Oye mi corazón; se está moviendo.
Y esta música horrenda que no te conmueve
soy yo.

(Juan Eduardo Cirlot)

viernes, 22 de enero de 2010

Encontré una gran piedra gris
y le dije:

Tenemos que resucitar.

(Juan Eduardo Cirlot)

sábado, 16 de enero de 2010

Subí por la escalera
pero hacia abajo.


(Juan Eduardo Cirlot)

viernes, 15 de enero de 2010

Los restos de mi escudo, los restos
de mis guantes azules,
los restos de la bandera deshecha...

Mis restos me esperan bajo la lluvia.

(Juan Eduardo Cirlot)
Mis enemigos me combaten,
mis amigos no son mis amigos;
hay trozos de mi corazón por los campos
que aún lloran.

Pero las grandes torres negras
todavía se elevan
bajo un cielo purísimo.

(Juan Eduardo Cirlot)

miércoles, 13 de enero de 2010

Gritos y voces
contra un silencio inmenso.

La espada está naciendo en la pared.

(Juan Eduardo Cirlot)
El origen del hierro, el origen
del vidrio
habla en mi corazón.

(Juan Eduardo Cirlot)
El verdadero mar es negro con plantas grises y está lleno de sombras oscilantes. Su fondo perforado es un plomo que ha perdido los signos. El verdadero mar es negro.

(Juan Eduardo Cirlot)
Me paro ante los altos muros góticos;
maldigo las ortigas y la hiedra.

Miro mis cicatrices.

Un caballo de hielo duerme bajo la niebla.

(Juan Eduardo Cirlot)

martes, 12 de enero de 2010

Pasaban dos zapatos por el valle,
la tierra los oía temblando.

(Juan Eduardo Cirlot)

miércoles, 6 de enero de 2010

Memoria de la nieve

La nieve está en mi corazón como el silencio en las habitaciones de los balnearios: densa y profunda, indestructible.

La nieve está en mi corazón como la hiedra de la muerte en las habitaciones donde nacimos.

Y el tiempo huye de mí con un crujido dulce de zarzales.

Nieva implacablemente sobre los páramos de mi memoria. Es ya de noche entre los blancos cercados.

Cuando amanezca, será ya siempre invierno.

(Julio Llamazares)

sábado, 19 de diciembre de 2009

No nos dieron linternas,
ni gafas, ni lupa.

Nos apagaron la luz,
cerraron las ventanas y agotaron las velas.

Nos mojaron las cerillas,
quemaron nuestro petróleo y gastaron la piedra.

Nos arrancaron los ojos,
nos cortaron las manos y ataron las piernas.

Y esperando que fuéramos valientes
nos dieron el tiempo.

(Inmaculada Cerejido Samos)

viernes, 6 de noviembre de 2009

La niña del pelo corto

Además de los perros, me gustan los críos pequeños. Me refiero a los de cuatro, cinco años, o así. Apurando mucho, llego hasta los de siete u ocho. A partir de ahí empiezan a parecerse demasiado a los adultos en que tarde o temprano se convertirán. Deberíamos liquidarlos a esa edad, dice un amigo mío que no destaca por su filantropía. Herodes vio la jugada: habría que despacharlos cuando carecen de currículum y aún no son estúpidos, malvados o peligrosos. Antes de que se desgracien y nos desgracien a todos. Antes de que dejen de ser deliciosos animalitos para convertirse en basura y azote del mundo. Eso es lo que dice mi amigo, que es algo drástico. Yo no llego a ese extremo, pero denme tiempo. Es verdad que a veces me pregunto para qué crecerán. Para qué diablos crecemos.

El caso es que me gusta observar a los críos. Son fascinantes. Como los adultos somos imbéciles, creemos que funcionan sin ton ni son, en plan majareta; pero en realidad actúan y razonan según una lógica rigurosísima de la que sólo ellos poseen la clave. Son metódicos e implacables como un filósofo alemán. Cuando asistes a una discusión entre un niño pequeño y un adulto, al fin descubres, aterrado, que el más consecuente y lúcido siempre es el niño. A veces te miran con una fijeza tan extraordinaria, escrutándote los adentros, que terminas enrojeciendo, inseguro y confuso. Son jueces implacables y honrados; por eso resultan tan tiernos en sus afectos, tan crueles en sus combates, tan cabales en sus sanciones. Son lo que los adultos deberíamos ser un día, o siempre, y al cabo dejamos de ser y ya nunca somos.

Ayer me detuve ante la verja de un colegio infantil. El griterío se oía desde el otro lado de la calle. Era la hora del recreo, y correteaban por el patio los zagales, con sus babis los más pequeños y sus jerséis de pico los mayores. Estuve un rato viéndolos alborotar en corros, reír, pasarse la pelota. Siempre me fijo más en los niños que van por libre; los que juegan solos o vagan a su aire. Me quedo mirando al que camina marcando muy serio el paso militar, como si desfilara, al que desliza pensativo la mano por los barrotes de la reja, a la niña que habla sola mientras hace extraños gestos con las manos, al que corre emitiendo indescifrables sonidos con la boca, al que salta pisando el suelo como si aplastara cosas que sólo él puede ver, y me pregunto qué tendrán en ese momento en la cabeza, a qué ensueño mental, a qué pirueta de su imaginación prodigiosa corresponden aquellas actitudes exteriores que para nosotros, adultos razonables que encerramos en manicomios a quienes hacen eso mismo con unos cuantos años más, constituyen un misterio.

En aquel patio de recreo vi a la niña. Debía de tener cinco o seis años, llevaba el pelo muy corto y estaba sentada en un peldaño de la escalera con un libro ilustrado abierto sobre la falda. Leía con una concentración extraordinaria, ajena al griterío del patio, pasando las páginas enrocada en aquel rincón del mundo, en el refugio que el libro le proporcionaba. No leía con expresión plácida, sino obstinada; baja la cabeza, como si el esfuerzo de mantener a raya el bullicio circundante no fuera fácil. Se diría que aquella singular trinchera no se la regalaba nadie, sino que la conquistaba palmo a palmo, a golpe de voluntad. Enternecedoramente pequeña, sola y orgullosa, con su jersey de pico verde, su falda de cuadros escoceses y sus calcetines arrugados. Deliberadamente ajena a todo. Ella y su libro.

Fue entonces cuando levantó la vista y me vio al otro lado de la verja. Sonreí como un Hermano de la Costa le sonríe a otro, cómplice; pero la niña me miró suspicaz, sin devolver la sonrisa, y comprendí cómo ella realmente me veía: adulto, extraño, intruso, inoportuno. Aquella francotiradora diminuta, deduje, no necesitaba mi presencia, ni mi sonrisa de aliento; estaba lejos de mí y de todos nosotros, en el mundo creado por las páginas de aquel libro y por sus particulares ensueños. Construía un espacio propio, íntimo, en el que mi sonrisa y yo estábamos de más. Así lo demostró bajando de nuevo la vista, ignorándome con el resto del universo hostil que ese libro mantenía a raya página tras página. Y mientras me apartaba con sigiloso respeto de la verja, pensé: Herodes se equivocó. Quizá ella se salve un día. Tal vez esa niña solitaria y tenaz nos haga mejores de lo que somos.

(Arturo Pérez Reverte)

sábado, 29 de agosto de 2009

El laberinto de las herencias

Madre, de los cuatro hermanos,
yo heredé el menor número
de centímetros
y la mayor resistencia
para tumbarme, dejar de sonreír,
contener el miedo, estirar los brazos y
mirar dentro del cielo
o del botiquín.

Pero ando derecha por el mundo, madre,
y por la izquierda, como el padre.

Heredé la misma forma de tu risa
y la misma textura de tus lágrimas.
No heredé tu gusto por el victimismo,
pero sí tu tendencia natural para manipular
de forma invisible.

Heredé un trozo de vuestras casas
de protección oficial,
los balcones, supongo,
y tu entusiasmo por aprender.

Y no sé si fueron aquellas tardes
de plancha, con la abuela,
cuando hablábais de "la vida"
como una enfermedad incurable.
El caso es que dejaste para mí la peor
de tus herencias.
Este cortocircuito en el cableado
de mis neurotransmisores,
este nudo en las venas,
esta maraña de nervios
mal ordenados hacia mi cerebro,
estas ganas horrorosas
de llorar
o morir
a cualquier hora.
Esta vida sentida
como un clown ciclotímico.

Si no te hubieras muerto, madre,
compartiríamos benzodiacepinas
y platos pequeños para nuestro
fino esqueleto.
Si no te hubieras muerto,
te habría gustado mi vida,
mi hombre y mi hija.
Y habrías llegado a quererme.
Y puede, incluso, que algún neurotransmisor
hubiera recuperado su dirección.
Pero aquel quirófano
hizo realidad tu sueño
de aliviar el peso de tu vida.
Y tuve que heredar, también,
el mismo psiquiatra.
Él me ha enseñado a perdonarte
la herencia,
a emocionarme con lo pequeño,
a ingresar en la vida
con el nudo en las neuronas
y la serotonina inservible.

Y no te apures, madre,
si me tocó a mí
tu desarraigo crónico,
la fatiga de mis venas
huérfanas.
Tengo el corazón de hueso
y aprendí a flotar
antes que a nadar.

Madre, también he heredado
tu botiquín
y las mismas drogas que
te calmaban
tres veces al día.

Todavía tengo fuerza,
madre,
para darte
las gracias.



(Eva Vaz)

viernes, 28 de agosto de 2009

Operaciones matemáticas

Un poema es el resultado de multiplicar el silencio por sí mismo

(José María Cumbreño)

sábado, 22 de agosto de 2009

La guadaña y la muerte

La muerte es un ser literario que, por encima de todas las cosas, odia las historias mal contadas o resueltas con precipitación.
No cree en dios: cree en la retórica.
De ahí su predilección por la guadaña, cuya hoja curva mata dando un rodeo.

(José María Cumbreño)

martes, 19 de mayo de 2009

27 maneras de responder a un golpe (VII)




De repente el olor de las mimosas
como una antorcha que respira o como
una ola inmemorial que besa
la desnudez expectante de la playa.

No es más que la puerta
que se abre, pero pone en movimiento
un aire donde cuaja
toda la dulzura de este precario otoño.


(Jorge Riechmann)

jueves, 2 de abril de 2009

27 maneras de responder a un golpe (VI)

A París, una ciudad que no existe,
me llega la noticia:
Berlín
ha desaparecido.

¿Quién da un paso hacia el centro del invierno?

La angustia dúctil se me enrosca en el vientre.
Hoy tengo ancianos los ojos cuando todo

todo está aún por hacer.

(10 de noviembre de 1989.)


(Jorge Riechmann)

martes, 31 de marzo de 2009

27 maneras de responder a un golpe (V)

La posguerra por ejemplo en Grecia
es una guerra que se prolonga
por ejemplo dentro de un campo de concentración.

Yannis Ritsos
garrapatea papeles desgarrados
en los retretes o bajo la manta.
Después esconde los poemas
en botellas vacías que entierra
por si la guerra finalizase algún día.

Los dibujos sobre las piedras
mantienen a raya a la locura.

La posguerra, esa guerra inacabable.

(Jorge Riechmann)

viernes, 27 de marzo de 2009

27 maneras de responder a un golpe (IV)

La esperanza ya ausente de un rostro libre:
el cielo ensangrentado se agacha y lo besa.

La larga caravana de los carros
atestados con enseres inmemoriales, urgentes
apunta hacia una estepa donde se ignoran los nombres.
La derrota tiene latidos quebradizos.

El pasado es ya una casa donde la nieve
va cubriendo las colchas y la mesa.

Un rostro libre, ya bruñido de éxodo.
Yo no lamento
haberle sostenido la mirada
diecisiete años antes de mi nacimiento.
(Jorge Riechmann)

viernes, 27 de febrero de 2009

27 maneras de responder a un golpe (III)

He perdido la partida.

Me confié, subestimé las fuerzas
de mi adversario. ¿Cómo no hacerlo?
Grande era cual fronda de destrucción, profundas
sus raíces invisibles; pero tamaño goce en la muerte
desafiaba la imaginación.

Los primeros intercambios de golpes
fueron casi un juego, un modo apenas hostil del conocimiento.
¿Queríamos estrangularnos o abrazarnos?
La situación parecía abierta y los momentos decisivos
aún por venir. No me daba cuenta
de que habían pasado ya y cada minuto perdido
redundaba en beneficio suyo
sumaba hierro y cieno a mi derrota.
Mi implacable adversario
economista del tiempo
feroz equilibrista de lo irreversible.

Estoy perdido.
La falta de imaginación me condenó.
Ya todo el tiempo restante se lo descuento a la muerte.


(Jorge Riechmann)

lunes, 23 de febrero de 2009

Seven things you may not know about me

Pues sí, a mí también me ha llegado el reto de escribir 7 cosas que podrías no saber de mí. Sé que no concuerda demasiado con la tónica habitual del blog pero quedaría muy feo no afrontar el reto (bueno, vale, no es para tanto).

1. Conocí a mi marido por Internet, sí, soy de esas personas.
2. De pequeña gané un par de medallas en torneos de lucha leonesa (ahora se me acercará menos gente todavía)
3. Tomé el biberón hasta los 10 años (eran de leche con cacao) y si mi hermano no me hubiera puesto entre la espada y la pared puede que lo siguiera haciendo.
4. Me muerdo las uñas, sí, soy muy nerviosa y no puedo controlarlo
5. Tengo una fobia tremenda a los ruidos de petardos, botellas que son descorchadas, globos que explotan, etc. Es mejor que no trateis de gastarme una broma con esto porque os veréis obligados a llevarme al hospital.
6. No soporto que la gente haga ruido al comer
7. Me pongo de muy mal humor si me veo obligada a salir con el pelo sucio a la calle

Como veis no tengo una vida muy emocionante, pero es lo que hay :)

sábado, 14 de febrero de 2009

27 maneras de responder a un golpe (II)

Los hay que mueren de silencio
de tragarse demasiadas palabras y del cólico fenomenal que sigue
y los hay que mueren por hablar demasiado
pues las paredes --al contrario que las tapias, que están sordas-- oyen.

Los hay que mueren de cansancio
de todo lo que hay que cambiar para que nada cambie
y hay quien muere de aburrimiento
en esta feria universal donde continuamente ocurren cosas
y nunca pasa nada.

Hay quienes mueren de miedo
ante la mera sospecha de que podrían darse de bruces
con la verdad de sus actos
y hay a quienes les da tanto coraje
que alguien pudiera sospechar que hay una verdad tras sus actos
que sencillamente se mueren.

Los hay que no mueren nunca
porque ya están muertos.


(Jorge Riechmann)

jueves, 12 de febrero de 2009

27 maneras de responder a un golpe

El rocío suplica a la montaña
que se quite la sal de los labios:

Pero a ella están talándole las faldas,
no tiene tiempo.


(Jorge Riechmann)

lunes, 9 de febrero de 2009

El mar contiene al mundo


No nos deja olvidar

pues cada ola
es un recordatorio
bramando
nuestra muerte
hacia la orilla.

(Rosana Acquaroni)

viernes, 6 de febrero de 2009

Máquina Temeraria

Máquina temeraria.
Yo soy la que comienza a no existir.
Mientras ella
se preña
se atraganta
con mis escritos de la tarde.
Desordena
quiebra
despedaza
se adueña
sabe
que yo la escucho desde dentro.


(Rosana Acquaroni)

lunes, 26 de enero de 2009

A mi padre (perdón por no tener ninguna foto tuya)

Tú no estarás. Ya no.
En la última tarde tu mirada tenía
un dolor a jardines descuidados,
una luz huidiza y astillada,
un caminar de hombre con mirada de trapo,
y un corazón tartamudo.

Llevabas un temblor de naufragio y una venda en los ojos.
El temblor también es una forma de mirar.
Y tú temblabas mientras tu luz caía.
Crepitar es caer. Pero hacia dentro.

Estaba requiriendo una llamada.
Estabas demorándote
en aquellos días primeros del verano,
contra un presentimiento de invernadero triste,
de sangre requisada.

Perdido en las aduanas del corazón.
Supe que te morías por tus ojos.
Esos ojos que eran
con dolor a madera,
con sabor a manzanas,
párpados de cobre
como cofres de lluvia
que se abrían con lástima.

Ahora todo es ausencia.
Los pájaros que encuentro,
el crujir de la tierra sobre la mansa lluvia,
el llanto de los niños detrás de las palabras.

A veces el pensamiento se ensombrece de pronto
y declina el mundo aún más deprisa
y nos sobreviene una noche destemplada, una herida negra.

Sé que me buscaste.
En esa larga noche de imperdibles sin rumbo,
en el instante mismo en que tu cuerpo
se astilló para siempre
y tu llama empezaba a ser fractura,
témpano,
camisa desplomándose.

El verano se acaba.
y los recuerdos ruedan
sobre los empedrados negros
como regueros de sombra.

Y es cierto que tal vez puedas vivir años y años
sin regresar de una sonrisa

Y tú estás regresando
con el verdor de los arces en la lluvia
sobre la claraboya más blanca de la luz.

Y tu frente ha tomado
la difícil transparencia del brezo o la retama.

Y veo descarriarse de pronto
aquel ovillo de lana triste
que fue toda mi infancia,
aquella habitación de costurera
aquel balcón solaz
que de muy niña

se asomaba al clamor hirviente de las calles,
y ahora lo veo todo
irse desmadejándose encima de tu cuerpo,
detrás
detrás
detrás
y todavía

mi pequeño puñal de niña sin palabras,

DEPRISA,
MÁS,
CAER
Y SIN EMBARGO,
un cuerpo que se rompe,
EL CABO FINAL DE LA MADEJA,
aquel reloj de arena creciendo
desmesuradamente

mientras cae
cada pequeña muerte en granazón,
y todas se reúnen,
y la arena se agranda
hasta cubrir toda la habitación
con un murmullo seco de sombras alejándose.

En este sueño, padre,
puedo verte jugando con mis manos.
Cuando las manos eran cálidas y obradoras.

Lápices de ternura,
que nos llevaban siempre a emborronar los sueños

(Rosana Acquaroni)

sábado, 24 de enero de 2009

Figuraciones

Atravesé el espejo
pesqué del pelo al tiempo
y cabalgué con él
al otro lado.
Si regreso
se incrustarán en mí
los vidrios rotos
y en un tiempo sin tiempo
me hundiré.


(Claribel Alegría)

jueves, 22 de enero de 2009

No tuvo ayer su día


Ya desde muy temprano,
ayer fue tarde.

Amaneció el crepúsculo, y al alba
el cielo derramó sobre la tierra
un gran haz de penumbra.

Cerca del mediodía
un firmamento tenue e incompleto
-¿cifra de nuestra suerte?-
brillaba todavía en el espacio.

(La luna
no iluminaba al mundo;
su cuerpo transparente
nos permitía tan sólo adivinar
la existencia más alta de otro cielo
inclemente también, inapelable.)

Seguimos esperando, sin embargo.

Imprecisas señales
-un latido de pájaros, a veces;
el eco de un relámpago;
súbitas rachas de violento viento-
nos mantenían alerta.

A la hora del ocaso
salió un momento el sol para ponerse
y confirmó las sombras con ceniza.

(Ángel González)

martes, 13 de enero de 2009

Fotografía

Me estás robando el alma mientras me haces la foto
y con cada disparo fabricas un cadáver.
¿Dónde estarán mi tiempo
y mi respiración y la inconsciencia
con que se mira al mundo, si miro a un asesino?
Posar para una foto es simular la vida
y la casualidad.

Por eso,
quien esté en el papel no seré yo
sino mi fingimiento y tu versión de los hechos.

Tú eres bueno en tu oficio.
Yo engaño al Cíclope y me llamo Nadie.

(José Luis Piquero)
(La mujer de la foto es Chan Marshall)

domingo, 7 de septiembre de 2008

La infanta anatomista


Escuché a una niña de voz negra
nombrando sus huesos:
los describía y los ubicaba en su cuerpo.
Un animal hablado
La miraba y se complacía.

Por qué les enseñan estas cosas a los niños.
Voy a retirarme de esas muertes
cuando descanse
y una aureola tumultuosa
diga ser mi obra completa.
Vi a la niña que sabía de huesos
soplando sus manos que eran todo cenizas
mientras otros cortejaban su erudición
y la aplaudían.
La oí decir que los pájaros no tienen esqueleto.
Fue su último exabrupto de inocencia.
(Cecilia Borio)


lunes, 25 de agosto de 2008

Nada ha bastado aún para destruirme aunque
tengo la sensación de haber sido destruido.


(Bruno Marcos)

jueves, 31 de julio de 2008

A veces, cuando la luz

A veces, cuando la luz incide en extraños ángulos
y te devuelve a la infancia

deambulando por una mansión desvencijada
totalmente oculta bajo viejos sauces

o un convento abandonado que guardan la cicuta
y abetos gigantescos erguidos flanco a flanco,

de nuevo sabes que allende ese muro,
bajo la indómita cabellera de los sauces

persiste algo secreto,
tan maravilloso y peligroso

que si te adentraras y contemplaras
morirías, o serías feliz por siempre.

(Lisel Mueller)

lunes, 23 de junio de 2008

Deseos

Un chal para mis hombros,
cubrídmelos
con algo inútil y reconfortante.

Ojalá cada noche
tuviese dentro
una campana o una lamparita,

no sé qué soledad de niña enferma,
qué desamparo de ángel me estremece,

cómo desearía
un cuento,
una muñeca,
una sopa de lluvia con su yema amarilla,

un dibujo animado de elefantes
o una buena película de barcos,

felicidad concreta
por una sola vez...

(Ana Isabel Conejo)

sábado, 14 de junio de 2008

Volveré

Volveré luminosa y perdida.
Me quitaré los terciopelos negros
del modo en que me miras,
y sabré que esta noche es todo lo que tengo.

(Ana Isabel Conejo)

miércoles, 11 de junio de 2008

Estrellas

Vivo en un mundo torpe de ladrillos mojados por la lluvia
donde cerrar los ojos ya no basta;
porque ahora viven también dentro los ladrillos,
forman paredes sucias, que dividen mi intimidad en cuartos
y pensamientos y tristezas.
Escapar.
Puedo cerrar los ojos y las manos y pensar en la nada;
recorro con el alma todas las ciudades del mundo.
Pero invariablemente tengo que volver
al patio en obras, a la vulgaridad de las comidas;
todo porque ellos renunciaron, se conformaron
siempre,
decidieron
dejar de lado las estrellas.
Y yo delante de ellos nunca menciono las estrellas.
Luego, cuando estoy sola, repito las palabras que me gustan:
Estrellas, estrellas, estrellas;
y después las escribo.
No hay mundos ideales, pero existen espíritus
que no se conformaron,
que hicieron sus paredes de luceros vespertinos,
y viven siempre en las alturas, y nunca tienen miedo.


(Ana Isabel Conejo)

miércoles, 16 de abril de 2008

16 de abril de 2008

La soledad se desnuda en tus ojos,
muchacha interminable, extensa en la amargura;
quizá un muerto fugitivo te anida
y te cruza la sangre y, en la sangre, anochece.

(Antonio Gamoneda)
Te beberé el cabello
y cerraré los ojos.

Tú seguirás manando
tu cabello
turbio de besos.

(Antonio Gamoneda)