miércoles, 25 de septiembre de 2013



Si supieras que a veces
me cuesta respirar, garganta a la deriva
remontando el abismo líquido de las aguas.
Si supieras
del ansia de no hundirse,
la lucha permanente del cuerpo braceando
por mantener el ritmo de la respiración,
por desoír la dulce llamada de lo oscuro
-sirenas escondidas acechando mi sangre,
conduciendo hasta el fondo la lava de mis venas,
afilando en mis ojos su maraña
de líquenes y erizos-,
si supieras...
El peso del cuerpo oprime los pulmones,
el roce de la vida araña hasta la encía,
el goteo del alma desangra todo empuje,
todo sueño gastado,
toda alba de futuro presentida.
Ay, si supieras
que vivo a flor de agua y no sé cómo,
y ya no sé nadar
ni mantenerme.

(Pilar Blanco)

martes, 24 de septiembre de 2013

No puedes comprender cuánto peso sostiene
la costra de los años.
Desde la lejanía de la edad
te sientes invencible, crees eterna y dorada
la plenitud, la piel, la ingenua fe en ti misma
que caerá, como el musgo trepa por la pared
de viejos optimismos.
Pues todo está ya hecho, todo probado en pasos sucesivos
y aún así nos parece
todo por descubrir. Aferra tus paisajes,
el calor de tus soles, los afectos
que crees perennes. Cuando arrecie el otoño
tus pasos pisarán su brevedad podrida. 

(Pilar Blanco - Autora leonesa)

domingo, 9 de junio de 2013

Algo llama a la puerta

Una gran luz blanca alborea por todo el
continente 
mientras ensalzamos nuestras fallidas tradiciones,
matamos a menudo por preservarlas
o a veces matamos sólo por matar. 
No parece que importe: las respuestas gravitan
fuera de nuestro alcance,
fuera de control, fuera de sí. 

Los líderes del pasado eran insuficientes,
los líderes del presente son incapaces.
Nos acurrucamos en la cama por las noches y esperamos.
Es una espera sin fe, más bien
una oración por la gracia inmerecida.

Todo se parece cada vez más a la misma película 
de siempre. 
Los actores son distintos pero el argumento es el mismo:
absurdo.

Era de esperar, viendo a nuestros padres.
Era de esperar, viendo a nuestras madres.
Y es que no sabían, tampoco ellos estaban capacitados para 
enseñar.
Fuimos demasiado inocentes para desoír sus
consejos
y ahora hemos hecho nuestra
su propia
ignorancia.
Somos ellos, multiplicados.
Somos sus deudas impagadas.
Estamos en bancarrota 
monetaria y
espiritual.

Hay algunas excepciones, por supuesto,
pero están al borde del
precipicio
y
en cualquier momento
se desplomarán para unirse al resto
de nosotros,
los locos de atar, los maltrechos, los ciegos y los tristemente
corruptos.

Una gran luz blanca alborea por todo el
continente,
las flores se abren ciegas al viento apestoso,
mientras grotesco y a la larga
inhabitable
nuestro siglo XXI
lucha por
nacer.

(Charles Bukowski)

viernes, 22 de febrero de 2013

La melancolía de la literatura

Entonces me dije: Intenta escribir algo
alegre,
algo reconfortante,
algo que pueda ayudar a una persona
que tiene cáncer o a la que ha atropellado un auto

Me puse a pensar
estuve pensando una tarde entera

y no se me ocurrió nada alegre
o estimulante

Esto es lo que les debió pasar a Shakespeare
y a Dostoievski,
a Proust y a Kafka

Por eso la gente no lee
Sólo leen los deprimidos,
para confirmar su depresión.

(Cristina Peri Rossi)


jueves, 21 de febrero de 2013

Biblioteca



Me pregunta con mucho interés
qué he hecho con mi antigua biblioteca
de ocho mil volúmenes

No hay nada que me parezca más caduco
que la fotografía de un viejo escritor
o de una vieja escritora
rodeados de sus libros
como un ejército de guardaespaldas.

Los regalé -le digo.

¿Y no los añoras? -pregunta.

Me gusta amarlos a la distancia
-contesto-
para no decepcionarme.

(Cristina Peri Rossi)
(fotografía tomada de: http://paranormalpsychology.wordpress.com/)

viernes, 18 de enero de 2013

Tengo

Guardo un par de poemas tristes por si llega el frio.
Una ventana siempre abierta que me traiga olor a mar.
Aún preservo mi viejo disfraz de marido, una película del Oeste 
y anhelos de libertad. Conservo la mitad de la mitad 
de los besos que me prestaste. Un catalejo ya oxidado
por el que te vi marchar. Un sofá con dos asientos
aunque uno esté vacío. El reflejo macilento de éste inerte
en el cristal. Aún poseo un cenicero con restos de tu amargura.
Una sonrisa ficticia ya cansada de perder. Mi reloj de arena
que sigue estando atrasado. Un desierto de recuerdos
en el que muero de sed. Tengo primaveras grises e inviernos 
peores. Días y monotonías, noches frías ya sin fe.
Una conciencia afligida, lágrimas que llevan tu nombre.
Las llaves del Retiro por si decides volver.

(Daniel Somolinos Pérez)

viernes, 11 de enero de 2013

Las cicatrices de las cosas

La puerta azul abre la buhardilla crujiente. Allí habita un jardín rebelde de objetos. Cosas con cicatrices que siempre esperan. 
Empiezan su reunión y me invitan a acariciar la máquina de escribir desdentada, el reloj sin agujas y la brújula que señala al sur. Se asoma el caballete tatuado de óleo derramado y tras ellos el telescopio llegando a la luna.

Hoy el globo terráqueo está inquieto. En su cartografía tiene los lunares rojos ya vistos, y muchos más, azules, diciendo dónde ir. Le he hecho bailar, como ha pedido, y se ha mareado al girar. Repaso la libreta de exploraciones con los ciento veinticuatro países por vivir. Hice las cuentas para rescatar el tiempo: realizar dos viajes al año y alcanzar la edad de ochenta y tres. 

El jardín de prodigios siempre espera; soy yo la que cierro la puerta azul y entro de nuevo en el olvido.

(Fátima Martín Rodríguez)

martes, 1 de enero de 2013

Relámpago (Diálogo sentimental)

- ¿Has visto?
- Sí.
- Qué corto ha sido.
- Pero su luz aún duele.

(Julio Herranz)

Consideración

Un rencor imprevisto
ha invertido el vicio
de adorarte. Salgo así
bien pagado del error,
porque si amar consume
contigo ya es ganar
no perder nada.

(Julio Herranz)

viernes, 28 de diciembre de 2012

Cuentan de un sabio

Parecía tan más allá de todo,
que me senté a su lado y escuché 
su historia, hermosa y triste
porque el conocimiento
es privación de vida.

Me regaló
al final estas cuatro verdades 
que te cuento: si alguna vez 
dejas de ser joven, olvida que lo has sido;
el bien jamás es caro cuando llega;
sólo está en paz consigo
quien ignora la envidia; y la más
orgullosa: al que le duele una pena
no se la divierte nadie.

Le dejé solo
y frente al mar. Sus ojos entornados
sonreían con lágrimas serenas.

(Julio Herranz) 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Canción de cuna

                                                             (A mi hermano César)

Voy a dejarte escrito este poema
antes de que se enfríe;
que te enfríes. 

                               Hace viento
y a estas horas ya todo parece una plegaria
pero,
         ¿qué podemos perder?

Mamá ha llorado mucho
aunque tal vez podamos recoger lo derramado
cuando vuelvas. 

                                   Sí, tal vez.

Hoy le he hablado de ti a una hippie quiromante
con novio y besos lentos como un jueves de marzo.
He dicho algunas cosas entrañables y rojas
pero la ingravidez no está de moda.

Venga, vuelve
que es demasiado pronto.
                                         Da otro sorbo
de aire como quien pide otra copa.
Gin con labios cremosos y no hace falta hielo,
ya me entiendes.
Sé que insiste el invierno
pero no estarás solo.

¿Sabes? Te escribo raudo
en esta habitación color memoria
que tú mismo pintaste hace algún tiempo.
Ahora miro mis manos
y me río de los libros.

De pequeños yo te leía historias
sobre piratas, magos o amores mitológicos
pero hoy de qué sirve el sudor de la tinta
en la cárcel del sueño.

El médico nos habla de tiempos de gangrena
y el paro me da igual desde que no respiras. 
Hace varias semanas crujientes que ese lecho
te sabe de memoria. 

                ¡Yo protesto!

La rebeldía no cura
                              pero ahora
qué podemos perder.

Papá dice que voy muy poco a verte
pero ese box de urgencias huele igual que La Antártida
y desde ahí yo miro al mar con empatía.
Aún soy mayor que tú
y conozco los nombres de todas tus heridas
(al pegar mi oído en tierra
mido tus taquicardias).

Venga, que todo pasa
y si no estás de acuerdo
vuelve y lo discutimos.

Sí, sonámbulo,
gritándole a la vida hasta quedarte ciego,
sorprendido,
gastado de viajar sin equipaje o rumbo,
en tren, a nado
guiado por sirenas y el goteo del suero,
deslizándote...
Como tú quieras vuelve.

Guardo para ese instante 
algunas lunas llenas dentro de tu petaca
de plata
            y un abrazo
intenso y de juguete;
de mentira.

Lo escribió Jeannete Winterson:
"Te quiero
siempre es un cita".

Por no hacerle preguntas a esta casa con fiebre
ahora que los letreros de la noche están locos
voy a dejarte escrito este poema
                                                  en tu almohada materna
antes de que te enfríes;
que se enfríe.

(Luis Artigue - poeta leonés)

martes, 20 de noviembre de 2012

Emoción de la nada que fabrica
cántaros
con arcilla de los sueños.

Pero tengo que ser
lo que no he sido.
La luz que se convierte en firmamento,
La levedad que mira el horizonte,
lo que no sé decir,
lo que no entiendo.
Lo que fue, cuando yo era la otra nada
que me dio su verdad, para que el eco
habitara conmigo en esta casa.

(Adolfo Alonso Ares)

Pasión que se desangra
donde se representan estos años
que laten junto a mí.
La nada resucita
cerca de la miseria que sembraron
quienes nos precedieron.

(Adolfo Alonso Ares)

lunes, 19 de noviembre de 2012

Yo soy esa verdad que se equivoca
y acaricia tu pelo
con cuidado.
La que conoce el sueño de un mendigo.

(Adolfo Alonso Ares)

jueves, 8 de noviembre de 2012

El arca con papeles ilegibles,
la voz que se incrustó en las piedras viejas
de un templo imaginario. 
La sal que condimenta nuestra alcoba,
las tejas que se nutren con silencio
en la casa de musgo.
Todo lo que vincula a la palabra
es oración del tiempo
que se queda
colgada de las ramas de los olmos.
Lo que nutre de espacios el abismo
para hacer un hogar.

Y aquí, bajo este signo imaginario,
deposito una piedra del camino
para esconder un templo.
Divido la miseria entre los surcos
de labradores pobres
y fabrico otro río
que vierta su humedad
en el pasado.

(Adolfo Alonso Ares, nacido en Astorga)

sábado, 15 de septiembre de 2012

Fundamentos de la dulce ciclotimia

                                                         Así pues ¡desgarramiento!
                                                Y nada de mitades.
                                                Carlos Edmundo De Ory

Lo sé: eres brontofóbica y frágil,
una conquistadora neta pero, en el fondo,
brontofóbica y frágil, un ser de deseo.
Tienes la costumbre estúpida e insana
de, cuando no crees en el amor (siempre en verano),
burlarte cruelmente de esa ex-creencia;
de, cuando crees en el amor, compadecerte
de los días del sí: dices tú fuera, placebo emético:
tú fuera
de mi cuerpo:  fuera
a tu valle de carótidas y ojitos de chantaje psicológico.

Así -lo sé muy bien- pasas la vida
desde un lado
reprendiendo al otro lado
(aunque también lo entiendes): 
me tengo para siempre, te repites. 

Pero
decir distimia no la suprime,
decir océano no lo suprime.

Como muchos labios-huracanes de este mundo,
vas en bicicleta
con qué sé yo qué fosforitas esperanzas. 
Como la mayoría de los Tribunales Constitucionales
de Europa
eres reactiva: calibras
los conjuntos y subconjuntos de los colores ajenos;
incluyes los deseos ajenos 
en tus pulcras ecuaciones interiores
(son hipótesis):
caminas
(por no morirte)
alegremente: brontofóbica y frágil, sin embargo
musical 
y espartana
(por no morirte; entiende esto: por no morirte).

Pero ¿frágil?
¿Dices frágil?
Nunca paras, nunca paras.
Rompes cosas, moderadamente
te sientes mal un tiempo; si te despiezan
los labios,
los brazos-adminículos-topográficos-que-se 
enganchan
en los labios del otro que siempre es un incrédulo

simplemente 
lloriqueas
cinco minutos y te limpias.  

Pero
decir distimia no la suprime,
decir océano no lo suprime.

(Berta García Faet) 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Exposición itinerante

                                                                                          Do I terrify?
                                                                                          Sylvia Plath

Lo único que puedo decir con cierta certeza de mí
por si os interesa
es que me gusta el pan con aceite de oliva,
y que soy un ser vivo sensible
a la luz y al tono de las voces;
y que, una vez, en una cama pequeña,
llegué al límite de mi cuerpo,
y que en 2004, no sé si en noviembre o junio,
un hombre me besó en los ojos
y mi corazón retráctil
le arañó los ojos.

Yo, que una vez fui bacteroides fragilis,
ahora albergo bacteroides fragilis y esperanza;
he visto cómo los rostros se descomponen por la música,
y me gusta el pan con aceite de oliva.

Poco más puedo decir de mí.
Lo demás, son especulaciones.
Lo demás, no puede demostrarse.

Pero yo, de un modo u otro,
imprecisamente,
lo recuerdo.


(Berta García Faet)

lunes, 27 de agosto de 2012

Frágil

No es nada:sombras.
Debes haber soñado.

No eres la niña desaparecida,
las ondas en el agua.

Tus células, lamidas por el dios, de pronto ignoran
su idioma: la sinapsis. ¿Qué es ese balbuceo?
¡No lo escuches!

Flotabas mansamente en tu sopa nutricia
y tu fragilidad hacía llorar.
¿Quién hubiera previsto esta sed de venenos? No hay antídoto
que pueda devolverte la inocencia. 
En ti se están cebando los insectos,
sucia de hojas, enterrada viva.

Y aquí estoy yo diciéndote que no te pasa nada, conteniendo
tu vagido de niña que acaba de nacer.
Oh, enemigo: 
podría ser el ángel que te salvara si supiera cómo.

Poco a poco el sosiego: la mudez
y este cansancio atónito como si hubieras muerto de un orgasmo de pánico.
En tu cuerpo, donde el lorazepam
ha dejado su rastro con dulces lametones,
la vida sigue ahora su curso inexorable.

Has estado muy lejos. Vuelve a ti.

(José Luis Piquero)

martes, 14 de agosto de 2012

En la estación

Un hombre aguarda en la estación
un tren cuyo destino desconoce.
Vuelve todos los días. Se fuma un cigarrillo
contemplando impasible
la avalancha de niños, maletas y paraguas,
el pitido que anuncia la salida,
cómo gime el acero cuando se despereza.
El hombre en la estación fuma tranquilo:
cree que el tiempo corre a su favor.
No sabe que su tren vendrá para llevarle
al silencio de un túnel
en donde los relojes
                            detienen
                                       su latido.

Mientras tanto,
calada tras calada se mira en las cenizas.
Comienza a sospechar
que ver pasar los trenes es ya un poco
deslizarse en su tren hacia ese túnel.

Eduardo García  

lunes, 26 de marzo de 2012

Un viejo asunto (fragmento)

Los amos les dictaron una ley:
<< Queda prohibido para el extranjero,
jornalero, albañil, bracero o pobre,
pedir aumento de salario, unirse,
luchar por su camisa, el delantal,
la cuchara, el repollo, los manteles.
Tiene permiso para sufrir hambre,
golpes y lágrimas, humillaciones,
como los chinos de esta sucia tierra.
Puede olvidar de a poco que es un hombre,
y si lo recordase, hereje, bárbaro,
archívese, publíquese y devuélvase 
encadenado a su lugar de origen. >>

Esta es la ley, célebre por su número
odiado, maldecido, esta es la ley
4144.

Clavada está en el medio de mi pueblo.
Todavía golpea en lo más puro.

(Juan Gelman)

martes, 13 de marzo de 2012

Primera evocación

Recuerdo
bien
a mi madre.
Tenía miedo del viento,
era pequeña
de estatura,
la asustaban los truenos,
y las guerras
siempre estaba temiéndolas
de lejos,
desde antes
de la última ruptura
del Tratado suscrito
por todos los ministros de asuntos exteriores.

Recuerdo
que yo no comprendía.
El viento se llevaba 
silbando
las hojas de los árboles,
y era como un alegre barrendero
que dejaba las niñas
despeinadas y enteras,
con las piernas desnudas e inocentes.

Por otra parte, el trueno
tronaba demasiado, era imposible
soportar sin horror esa estridencia,
aunque jamás ocurría nada luego;
la lluvia se encargaba de borrar
el dibujo violento del relámpago
y el arco iris ponía
un bucólico fin a tanto estrépito.

Llegó también la guerra un mal verano.
Llegó después la paz, tras un invierno
todavía peor. Esa vez, sin embargo,
no devolvió lo arrebatado el viento.
Ni la lluvia
pudo borrar las huellas de la sangre.
Perdido para siempre lo perdido,

atrás quedó definitivamente
muerto lo que fue muerto.

Por eso (y por más cosas)
recuerdo muchas veces a mi madre:

cuando el viento
se adueña de las calles de la noche,
y golpea las puertas, y huye, y deja
un rastro de cristales y de ramas
rotas, que al alba
la ciudad muestra desolada y lívida;

cuando el rayo
hiende al aire, y crepita,
y cae en tierra,
trazando surcos de carbón y fuego,
erizando los lomos de los gatos
y trastocando el norte de las brújulas;

y, sobre todo, cuando
la guerra ha comenzado,
lejos -nos dicen- y pequeña
-no hay por qué preocuparse-, cubriendo
de cadáveres mínimos distantes territorios, 
de crímenes lejanos, de huérfanos pequeños...

(Ángel González)

Ciudad cero

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años -que eran
la quinta parte de toda mi vida-,
yo había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano, 
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos 
prodigios cotidianos: el hallazgo 
de una bala aún caliente,
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
-papeles y retratos
en medio de la calle...
Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.

(Ángel González)

jueves, 8 de marzo de 2012

Introducción a las fábulas para animales

Durante muchos siglos
la costumbre fue ésta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,
tercos en la maldad y en la codicia
o necios como el ser al que glosaban.
La humanidad les debe
parte de su virtud y su sapiencia
a asnos y leones, ratas, cuervos,
zorros, osos, cigarras y otros bichos 
que sirvieron de ejemplo y moraleja,
de estímulo también y de escarmiento
en las ajenas testas animales,
al imaginativo y sutil griego,
al severo romano, al refinado
europeo,
al hombre occidental sin ir más lejos.
Hoy quiero -y perdonad la petulancia-
compensar tantos bienes recibidos
del gremio irracional
describiendo algún hecho sintomático,
algún matiz de la conducta humana
que acaso pueda ser educativo
para las aves y para los peces,
para los celentéreos y mamíferos,
dirigido lo mismo a las amebas
más simples
como a cualquier especie vertebrada.
Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejó atrás la adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea
más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.
A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal
-ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente-
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda.

(Ángel González)

domingo, 4 de marzo de 2012

Miradas que matan

Podría matarte con sólo pestañear, lo sé,
por eso se me pudren los ojos
y los gusanos los invaden;
porque a pesar de lo que piensas:
no soy una asesina.

sábado, 3 de marzo de 2012

El amigo

Era yo el único,
el escogido entre todos,
que sabía que ibas a morir. 
Esquivabas mis miradas,
que angustiosamente sorprendías.
Los dos estábamos en el secreto. 
Yo oía el rumor de la muerte
que lentamente trabajaba dentro de ti,
cuando guardabas silencio en aquellas
tertulias inolvidables.
Procurábamos siempre
no quedar solos jamás.
Me ocultabas tus manos
con una angustiosa torpeza:
quizá creyeses que era allí
donde yo leía tu muerte.
Y no era en tus manos
ni en tu frente ni en tus ojos
ni en tu nuca,
que es por donde la muerte
nos empuja suavemente.
Yo no podía saber cómo había llegado
esta noticia a mi alma...
Una tarde lenta de provincias,
te vi más solitario que nadie.
En torno tuyo, se hizo
como una niebla de ausencia,
como un purísimo silencio de estrellas.
Por todo esto sabía
que me odiabas y me amabas.
Pero cuando llegó aquella
hora única y solitaria,
me llamaste. 

(Luis Pimentel)

miércoles, 29 de febrero de 2012

En el depósito de cadáveres hay un niño

Ya se marchó el ministro del Señor
-visita de cumplido-
y su hisopo lleno de rutina.
Tú creías que era una sonajero,
y quedaste muerto jugando con la lluvia.

El depósito de cadáveres es grande para ti. 
Y la negra mesa.
Y tu sombra.
Y el silencio de cemento húmedo.

Tú y yo nos entenderemos eternamente.

Llega hasta aquí una canción herida
que se cae y se levanta.
Viene del misterio de los remansos,
en el río, bajo los chopos,
donde las barcas atadas
vigilan las estrellas que quieren ahogarse.

La ciudad no sabe nada de estas cosas,
y en tu cuerpo aún ha quedado
una luz tenue que alumbra el depósito:
la muerte, que ha untado tus mejillas
de una cosa demasiado seria.
Pero en tus ojos aún existen
diminutos jardines encendidos
por los que jamás anduvieron tus pies,
tu pequeña sombra.

Estás conmigo,
con las manos cerradas, apretadas,
sin querer soltar ese trocito de silencio
que te llevas de este mundo.

(Luis Pimentel)

miércoles, 22 de febrero de 2012

Querida mía

Querida mía:

Las noches, sus bandadas
de cuervos y de sueños
aleteando negros y graznantes;
el infierno que es sordo, la locura
ocupando mi frente y la garganta;
las horas como hilos
de arena en un reloj inacabable,
y yo estoy dentro. 
Un agujero negro, la razón.
La marioneta de mi cuerpo;
el mundo inalcanzable,
tras un cristal blindado;
las palabras que surgen
como dentro del agua,
o las palabras que retumban;
el guiñapo que está 
flotando dentro de ese agua;
el aire que se vuelve
un cañonazo, sólido en el pecho;
y ese derrumbe incontrolado
que el esqueleto oculta. 
Este dolor sin sitio. 

Querida mía: 

Nunca nadie más bello y más ausente. 
Ahora sé
que durante toda mi vida
me ha acompañado el miedo
a que ya nunca más
estuvieras. 

(16 de abril de 2011)

(Inmaculada Moreno)

El dolor

¿Adónde nos levanta esta miseria?
Esta marginación ¿de qué nos salva?

Porque el dolor aísla: él defiende
los límites donde gobierna
con su desolación estéril

y ya todo es dolor,
todo es el rayo,
todo desolación y terremoto,
cuando esperas un crack
definitivo
y aún no llega.

(Inmaculada Moreno)

miércoles, 1 de febrero de 2012

El amigo

Llora cuanto quieras
sobre mi hombro,
desahógate,
cuenta conmigo
para lo que te haga falta.

Pero no te equivoques,
no soy mejor que él:

le envidio
cada una
de tus lágrimas.

(Karmelo C. Iribarren)

domingo, 1 de enero de 2012

Tierra de nadie

Y entre todos los días y sus noches,
y entre todas las vidas que aquí arrojan,
en esta habitación que no es de nadie,
sus sombras paralelas,
tu cuerpo de gacela apresurada:

Piel arriba la sangre remonta hasta tus labios,
te inundan las hogueras con su clamor de jungla,
desnúdate -me dices-, olvida las palabras,
y entre mis brazos huecos yo te siento temblar
como luna en el agua, contra mi pecho oscuro,
y me siento rozar el techo de los cielos,
tierra, fuego y ardor, cenizas que se yerguen, 
coronas mi cintura con aluvión de vértigo,
se desertiza el mundo en torno de esta cama
y mis manos se aferran a la vida en las tuyas,
una lluvia muy honda te riega noche adentro,
la carne se disuelve con su rumor de sombra
y un vasto corazón nos pertenece.

Esta escena transcurre por mi piel,
entre mis brazos huecos, contra mi pecho oscuro,
mientras tus manos vuelan muy lejos de las mías,
tumbado en esta cama,
en esta habitación que no es de nadie.

(Eduardo García)

Feliz 2012

Feliz 2012 a todos, no dejéis de ilusionaros

sábado, 31 de diciembre de 2011

Valores en alza

No sólo eres guapo,
fuerte y listo,
sino que además
de conciencia
ni una pizca.

Enhorabuena, 
amigo:
          este mundo
está hecho
a tu medida.

(Karmelo C. Iribarren)

jueves, 29 de diciembre de 2011

Lo difícil

Enamorarse es fácil.

Uno puede enamorarse 
-sin demasiado
esfuerzo-
varias veces al día, 
a nada
que se lo proponga 
y se mueva un poco por ahí,
y si es verano, 
ni te cuento.

Enamorarse no tiene
mayor mérito.
Lo realmente difícil
-no conozco
ningún caso-,
es salir entero
de una historia de amor.


(Karmelo C. Iribarren)

martes, 27 de diciembre de 2011

Tarde sobre negro

En octubre se van muriendo las tardes
arrastrando cadenas de cielo en gris.
No se columpian los zumbidos del aire.

En el patio hay avispas muertas.
Algunas agonizan, otras se mueven
obtusas, ya no saben volar.
Son frágiles cuerpecitos que otrora 
buscaron alimento, con boca voraz,
en el huerto voluptuoso de zumo y miel.

Tarde sobre negro.
A ráfagas llegan avisos de lluvia
y huyen las nubes tornasoladas.
Quietud antes del invierno.

(Nuria de la Arada)

En casa

Mi padre ha preparado esta noche mi mortaja,
la de un hombre joven con los ojos rojos,
envuelto en sábanas blancas,
el rostro y los pies al descubierto.
Mi padre, muerto, vela mi cuerpo.

(Nuria de la Arada)

lunes, 19 de diciembre de 2011

Final

Soy conducida por calles estrechas,
casas bajas de color miel.
En las azoteas veo hombres sentados,
son simios, mirándonos en silencio.

El camino de tierra se rompe tras un capitel
y dos columnas blancas.
La gente huye del autobús que derrapa
entre el vapor de humaredas.

Del maletín en mi maleta saco caramelos
que guardo en el bolsillo derecho.
El suelo quema.


Cuelgo unos zapatos a mi cuello.
No queda tiempo.
Solamente morir de pie.

(Nuria de la Arada)

domingo, 18 de diciembre de 2011

Entre los hombres

Me dignifican algunos ojos
entre los hombres.
Las bestias me ennoblecen
con sólo mirarlas.

(Nuria de la Arada)

lunes, 5 de diciembre de 2011

Huecos

Cuando estoy en su casa duermo solo.
No me he atrevido nunca a afrontar el pasillo
que velan los ronquidos frágiles de sus padres.

A veces, en la noche,
noto el hueco invisible que no ocupamos juntos.

Y entonces pienso siempre en el amor
que no hicimos en días
de intimidad pospuesta y acaso sin saberlo.

No en las húmedas noches ni en los prados borrosos
de calor ni en las playas soleadas:

en el vagón sin ella y en las tardes de clases
y en los libros leídos y olvidados
y en las peleas tontas y en esas dos semanas 
de necia calentura hasta que dijo sí.

Ah, las aguas paradas, el corazón inquieto.
Perder placer es triste y el deseo
irremplazable muere a cada instante
en un mundo de amantes silenciosos.

Pero por la mañana,
cuando se van sus padres -vermú dominical-,
ella viene a mi cama, soñolienta y desnuda.
Su ternura que es próspera llena un hueco en el mundo
y deja al corazón sin argumentos.

(José Luis Piquero)

Dos extraños

Cruzar cuatro palabras en un bar
y percibir al instante
que nada queda
de aquella vieja historia.
Que somos dos extraños, nada más.
Dos extraños
a los que la vida puso
en una esquina
el tiempo justo para engañarse un poco,
gozar también a veces,
e incluso prometerse irrealidades.
Dos extraños que esta noche se miran
con indiferencia,
o apenas si se miran.
Que tienen prisa,
ganas de despedirse,
de volver a su mundo.
Y que ya ni se molestan en fingir.

(Karmelo C. Iribarren)

viernes, 2 de diciembre de 2011

Historia de G.

"El amor es un miedo: una moneda,
un bien de cambio" -susurraba su voz
de borracho creíble, y sonriendo
añadía: "Cualquier amante es sólo
un chantajista".

Y en las noches aquellas, como extraños libertos,
dejábamos atrás mi trabajo y sus libros
para beber, beber.
                          Hicimos el amor
en calles y portales,
cuando hablábamos,
hablábamos los dos a cuchilladas.

De él sé decir que era un producto típico 
de su ciudad y de sus años: frío
y gregario. Su raza:
jóvenes ilustrados y poetas,
cansados de un dinero que no tienen
y una seguridad. Yo estaba sola,
iba de paso: una bala perdida. 
Él ya se castigaba -su costumbre-
haciendo daño a todos.

Tenía que dar con él.

Me dijo que las chicas como yo
tenemos el valor de una experiencia,
somos útiles. "Tú eres muy consciente
de estar representando el papel que te toca.
Pudiste estar con otro, ¿no es así?
Si eres lista puedes aprender algo,
pero recuerda siempre que yo te necesito".

¿Soy injusta? También me quiso un poco,
a su modo. Perdonó mis mentiras,
y no era culpa suya no saber del amor
sino lo que le habían enseñado
en su impreciso mundo de palabras a medias
y de fáciles gestos.
                                Admiraba
esa capacidad-para-encajar-los-golpes
que yo he llegado a ser,
ese estar siempre dispuesta.
Y me daba su tiempo a manos llenas.

Hoy sé perfectamente que me usó
para sembrar recelos en su grupo.
Yo le he visto humillar a alguien que le quería,
ignorarle y marcharse conmigo, y disfrutarlo.
O exhibirme como a una vaca sana
en su circo de locas, sin recato, triunfante.
                                                             Me empujó
en otros brazos, eso fue un pretexto
para nuevos reproches -"Puta, puta".

Cuando pude dejarle, 
tuvo el talento -y la complicidad de sus amigos-
para hacer de mí la única culpable.
"Nos ha engañado a todos" (y quizá
él tenía razón).

A menudo estoy sola y pienso en él,
ya sin rencor, pero escucho de nuevo
esa voz en mi oído, amable, lenta:
"Eres producto mío. Tú, ¿quién eres?
Un apellido y un trabajo triste
y unos padres lejanos. Sin talento
ni belleza, no eres inteligente...
No tienes perspectivas, bobita, saltarás
de un amante a otro amante. Como mucho
eres la novedad, tan sólo un coño. 
Yo te he querido siempre. Quédate.
Imagina que ahora te murieses:
el recuerdo romántico, tan frágil, de esos tontos
y quizá un mal poema -Aquella chica...-,
y nada más. Te quiero, no te marches,
qué voy a hacer sin ti, vuelve conmigo..."

Si alguna vez hemos sido inocentes
como mascotas, puros igual que las manzanas,
nosotros hemos visto pudrirse las manzanas.


(José Luis Piquero)