Este blog permanecerá en "Stand-by" por preparación de oposiciones.
Un saludo
jueves, 21 de mayo de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
Día de limpieza
De qué sirve que limpie el polvo
de las estanterías.
De qué sirve recoger las pelusas
de los rincones.
Para qué sacudir las sábanas
barrer bajo la cama
pasar la aspiradora.
Hay un polvo que viene de afuera
que la ciudad expulsa con sus toses.
Y hay otro desprendiéndose de mí
que cae como terrones de barro
cada vez que abro el puño
y suelto una certeza.
(Ana Pérez Cañamares)
de las estanterías.
De qué sirve recoger las pelusas
de los rincones.
Para qué sacudir las sábanas
barrer bajo la cama
pasar la aspiradora.
Hay un polvo que viene de afuera
que la ciudad expulsa con sus toses.
Y hay otro desprendiéndose de mí
que cae como terrones de barro
cada vez que abro el puño
y suelto una certeza.
(Ana Pérez Cañamares)
lunes, 23 de febrero de 2015
Cuarto de la costura 42
-Casi primavera-
Así, sin tapujos, dime: ¿cuánto tiempo de vida me quedas?
¿tú quién te has mentido que eres para creerme a mí?
He pasado la noche comiendo pipas por si mañana apareces
para decirme que me saben los labios a arrecife desde el desierto.
Me invade una curiosidad en serie
y de tu pelo nacen gatos cazando mariposas
quiero ser el cuervo que te bese los párpados antes de dormir
mientras no finges tranquilidad.
Sólo Dios sabe, pero yo intuyo
que en otra vida fui dos mujeres
y tuve que matar a esa parte de mí
a la que le dijiste te quiero
antes de volver a decírmelo.
No soy celosa, soy empática.
Y así,
empática perdida,
pienso en quién necesita un motivo
cuando se tienen dos hoyuelos,
el cuarto de costura de las heridas,
la innecesidad de saber qué vomitan hoy en la tele
y el mando de los estados de ánimo esperándome en el sofá.
Tú ganas
vas en contra del resto,
pero juegas conmigo.
Hazme daño,
"la poesía no será televisada"
(Irene X)
Así, sin tapujos, dime: ¿cuánto tiempo de vida me quedas?
¿tú quién te has mentido que eres para creerme a mí?
He pasado la noche comiendo pipas por si mañana apareces
para decirme que me saben los labios a arrecife desde el desierto.
Me invade una curiosidad en serie
y de tu pelo nacen gatos cazando mariposas
quiero ser el cuervo que te bese los párpados antes de dormir
mientras no finges tranquilidad.
Sólo Dios sabe, pero yo intuyo
que en otra vida fui dos mujeres
y tuve que matar a esa parte de mí
a la que le dijiste te quiero
antes de volver a decírmelo.
No soy celosa, soy empática.
Y así,
empática perdida,
pienso en quién necesita un motivo
cuando se tienen dos hoyuelos,
el cuarto de costura de las heridas,
la innecesidad de saber qué vomitan hoy en la tele
y el mando de los estados de ánimo esperándome en el sofá.
Tú ganas
vas en contra del resto,
pero juegas conmigo.
Hazme daño,
"la poesía no será televisada"
(Irene X)
martes, 10 de febrero de 2015
Madre
Corta
la madre el cordón umbilical,
mas no
renuncia al vínculo.
Te
empuja a la otredad
pero
desesperadamente bebe en tu vida
pues
en ella
terrible
y
mutilada
su
entraña
aún
palpita.
¡Qué
deuda irreparable la del hijo!
Y sin
embargo, a veces, al pasar
la
página del libro de los días,
se
rasga, fiera, el vientre,
y te
envuelve una vez más en su carne
para
que no te pierdas,
para
que no te mueras
solo,
como
un náufrago abandonado al pánico
en el
inmenso océano.
(Clara
Janés)
viernes, 6 de febrero de 2015
tres mil latidos y doscientos litros de sangre
Si pudiera multiplicarme
pasearía contigo
dándote las dos manos.
Quiero decir,
si pudiera ser dos yo,
yo dos veces
-entiéndeme-
un alma repetida
como el rizo que se enreda entre dos dedos
y pareciera un meñique
o los labios
que abrieran paso a una lengua
que precediera a un beso
que se duplicara buscando la eternidad,
colonizaría tu hoy y tu mañana,
te esperaría donde estarías
y donde querrías estar,
te extrañaría
viendo cómo tus besos crean goteras en mis pestañas
y al mismo tiempo te dibujaría labios
llenos de saliva
en el centro de tu dedo corazón.
Si pudiera redoblarme
nos observaría desde fuera
como quien mira a los ojos de la muerte
con envidia.
Si pudiera estar aquí y allí
estaría en ti y en ti,
prendería fuego a Troya
mientras te regalo París,
te miraría dormir
y al mismo tiempo soñaría contigo.
Ya sabes a lo que me refiero,
si pudiera engañar a las coordenadas
crearía un mapa donde solo cupieran
tus dedos de los pies
y esta necesidad mía de seguirte a todas partes.
Si pudiera ser la misma en dos mitades,
amor,
te vestiría con el mismo nerviosismo
con el que me dejas desnudarte,
limaría mis errores
para que el tropiezo fuera suave
y sería a la vez precipicio e impulso
de todos tus miedos.
Si pudiera,
mi amor,
convertiría todo lo que ahora es singular
en plural.
Pero no puedo,
así que has de conformarte
con lo único que puedo hacer:
quererte
-no el doble, ni por dos, ni al cuadrado,
sino con la fuerza de un ejército
de tres mil latidos y doscientos litros de sangre
que queriéndote dar más de lo que tiene
te da todo lo que es-.
(Elvira Sastre)
pasearía contigo
dándote las dos manos.
Quiero decir,
si pudiera ser dos yo,
yo dos veces
-entiéndeme-
un alma repetida
como el rizo que se enreda entre dos dedos
y pareciera un meñique
o los labios
que abrieran paso a una lengua
que precediera a un beso
que se duplicara buscando la eternidad,
colonizaría tu hoy y tu mañana,
te esperaría donde estarías
y donde querrías estar,
te extrañaría
viendo cómo tus besos crean goteras en mis pestañas
y al mismo tiempo te dibujaría labios
llenos de saliva
en el centro de tu dedo corazón.
Si pudiera redoblarme
nos observaría desde fuera
como quien mira a los ojos de la muerte
con envidia.
Si pudiera estar aquí y allí
estaría en ti y en ti,
prendería fuego a Troya
mientras te regalo París,
te miraría dormir
y al mismo tiempo soñaría contigo.
Ya sabes a lo que me refiero,
si pudiera engañar a las coordenadas
crearía un mapa donde solo cupieran
tus dedos de los pies
y esta necesidad mía de seguirte a todas partes.
Si pudiera ser la misma en dos mitades,
amor,
te vestiría con el mismo nerviosismo
con el que me dejas desnudarte,
limaría mis errores
para que el tropiezo fuera suave
y sería a la vez precipicio e impulso
de todos tus miedos.
Si pudiera,
mi amor,
convertiría todo lo que ahora es singular
en plural.
Pero no puedo,
así que has de conformarte
con lo único que puedo hacer:
quererte
-no el doble, ni por dos, ni al cuadrado,
sino con la fuerza de un ejército
de tres mil latidos y doscientos litros de sangre
que queriéndote dar más de lo que tiene
te da todo lo que es-.
(Elvira Sastre)
jueves, 5 de febrero de 2015
-Casi nieve-
Ojalá eso aquí.
Aquí casinieva.
Y las terrazas bonitas parecen neveras cubiertas de escarcha
repletas de mí
Mi medio limón está podrido y solo.
No me envidia.
Ella lo llama "Laponias ficticias"
pero el frío es tan cierto
que no podría tocarla con los dedos.
Es bonito ese lugar.
Ojalá estuviese aquí otro.
Aquí casiduele
Aquí casi todo son limpialágrimas en los cristales
Tu nombre en las lunas de los coches rojos parece mi sangre
Y en el cielo ninguna se atreve a quedarse esta noche
Aquí casi nunca se preludian unicornios o
se proclaman ganadores,
Aquí casi siempre desafina victoria
y ni paz
ni Gloria
ni yo
usamos nuestros verdaderos nombres.
Aquí las estaciones
son bolas de helado en mis manos quemadas
que pegajosas,
dejan soñar a los insectos que sobrevivieron al fuego.
Aquí casi 24 horas
jugando con hielo
metiéndome en el saco,
de aquel hombre sucio
que asusta a las niñas buenas que no pueden dormir.
Aquí casi desaparezco
en una fotografía en blanco y blanco.
Muestro una sonrisa humillada,
tan desconocida de mis conocidos
que parezco casifeliz
aquí casi triste.
Aquí casi siempre
El tesoro te señala a ti en el mapa
Las monedas salen de la fuente a pedirte un deseo
Y yo me quedo con las ganas.
Ojalá un sólo aleteo de tus pestañas allí
provoque un huracán a este lado del mundo
y no te dé tiempo a darme la vuelta en ochenta noches.
Ojalá eso aquí
aquí casinieva,
aquí casi nada.
(Irene X)
domingo, 1 de febrero de 2015
Impuntualidad
Habíamos quedado a las dos
de todos los días del año
en el que no apareciste.
Tú siempre tan puntual
en algún lugar del mundo
en el que yo ya no te espero
(Irene X)
de todos los días del año
en el que no apareciste.
Tú siempre tan puntual
en algún lugar del mundo
en el que yo ya no te espero
(Irene X)
miércoles, 14 de enero de 2015
Sobre la competencia
Cuanto más alto llegas
mayor es la presión.
Quienes consiguen
soportarla
aprenden
que la distancia
entre la
cumbre y el
fondo
es
obscenamente
grande.
Y quienes
triunfan
conocen
el secreto:
que no hay
ninguno.
(Charles Bukowski)
mayor es la presión.
Quienes consiguen
soportarla
aprenden
que la distancia
entre la
cumbre y el
fondo
es
obscenamente
grande.
Y quienes
triunfan
conocen
el secreto:
que no hay
ninguno.
(Charles Bukowski)
lunes, 12 de enero de 2015
La capa de todos los superhéroes
Hagamos un trato:
tú levántate de la cama
como si quisieras salir antes que el sol
y yo haré como que no miro
mientras decides
qué color combina hoy más con tu sonrisa.
Despéinate,
mientras yo me froto el sueño de los ojos
solo para ver si sigues ahí
o te has quedado en mi insomnio,
y déjame decirte
que eres la chica más guapa que he visto hoy
-sí, el día acaba de empezar
y ya sé que serás la más bonita-.
Levántate
cinco minutos antes
solo para tumbarte conmigo diez minutos más,
murmura que llegas tarde a trabajar
sin soltar mi mano,
bésame
como si acabaras de verme
y déjame besarte
como si fueras mi desayuno,
que algo tengo que hacer
con este hambre de sueños
y de ti
con el que me levanto
cuando duermo contigo.
Haz la cama conmigo dentro
y vuélveme a decir eso
de que durmiendo conmigo
aprendiste a soñar.
Déjame
darte los buenos días
metiéndote mano antes de irte
para que lluevas
y pueda salir el arcoíris
-por si no te lo había dicho nunca:
los días son preciosos
cuando los pintan tus piernas-.
Escríbeme
nada más irte,
échame de menos
y llena la carretera de suspiros,
déjame un mensaje
en el espejo del baño
y dime que vas a volver
porque tienes que terminar
todos los besos a medias
que se han quedado en mi boca.
Y por favor,
sonrójate,
nunca dejes de hacerlo,
que tus mejillas dan color al precipicio gris que nos espera
al borde de la cama,
y vienes siendo necesaria
para sobrevivir:
ya lo sabes,
debajo de tu uniforme del trabajo,
en algún lugar entre el tacto de tu camisa
y la piel que te envuelve,
escondes la capa
de todos los superhéroes
(Elvira Sastre)
tú levántate de la cama
como si quisieras salir antes que el sol
y yo haré como que no miro
mientras decides
qué color combina hoy más con tu sonrisa.
Despéinate,
mientras yo me froto el sueño de los ojos
solo para ver si sigues ahí
o te has quedado en mi insomnio,
y déjame decirte
que eres la chica más guapa que he visto hoy
-sí, el día acaba de empezar
y ya sé que serás la más bonita-.
Levántate
cinco minutos antes
solo para tumbarte conmigo diez minutos más,
murmura que llegas tarde a trabajar
sin soltar mi mano,
bésame
como si acabaras de verme
y déjame besarte
como si fueras mi desayuno,
que algo tengo que hacer
con este hambre de sueños
y de ti
con el que me levanto
cuando duermo contigo.
Haz la cama conmigo dentro
y vuélveme a decir eso
de que durmiendo conmigo
aprendiste a soñar.
Déjame
darte los buenos días
metiéndote mano antes de irte
para que lluevas
y pueda salir el arcoíris
-por si no te lo había dicho nunca:
los días son preciosos
cuando los pintan tus piernas-.
Escríbeme
nada más irte,
échame de menos
y llena la carretera de suspiros,
déjame un mensaje
en el espejo del baño
y dime que vas a volver
porque tienes que terminar
todos los besos a medias
que se han quedado en mi boca.
Y por favor,
sonrójate,
nunca dejes de hacerlo,
que tus mejillas dan color al precipicio gris que nos espera
al borde de la cama,
y vienes siendo necesaria
para sobrevivir:
ya lo sabes,
debajo de tu uniforme del trabajo,
en algún lugar entre el tacto de tu camisa
y la piel que te envuelve,
escondes la capa
de todos los superhéroes
(Elvira Sastre)
A la espalda
Sigues teniendo la misma mirada
que tienen
los que lloran a escondidas
y a gritos.
Tu rostro es
un trozo de pena arrancado
de algún domingo,
un cúmulo de ruidos
que sólo son silencio,
una senda de cicatrices
que empiezan en tus manos
y se agrandan en tus aristas,
que son tantas como bemoles
colman tu vida.
Sé que te sigues acordando de mí
las tardes de otoño,
que se te empequeñece el corazón
cuando llueve
porque has olvidado
cómo te ardió el pecho
cuando te cogí con mis dos manos
y te hiciste un ovillo herido,
que miras al suelo
cuando caminas
porque ahora prefieres pisar el presente
y dejar de vislumbrar futuros.
También sé
que sigues guardando secretos
para quien venga
-guárdate bien,
sigues siendo el mejor que tengo-.
Que tu felicidad consiste en el descanso
y que sólo bailas cuando estás despeinada.
Que encuentras placer
al lamerte las heridas,
que te cuesta decir adiós para siempre
porque en tu espalda está toda tu historia.
Claro que lo sé,
amor.
Me bastó mirarte una vez
a través de todos tus cortes,
de tus excusas y de tus huidas,
de la velocidad de tu acento,
de tus palabras puestas porque sí,
de las frases escritas a media voz,
de los mensajes a destiempo,
de tus ojos rearmados hasta los dientes.
Me bastó mirarte una vez,
la primera,
para llevarme toda tu tristeza a mis ojos
y no poder mirarte de otro modo,
y no poder ser de otra manera,
y que no pudieras ser de otra forma.
Pero yo te quise así
y tú quisiste que te quisiera así.
Eres mi tristeza más pesada,
una losa de pena a la espalda.
Pero en ocasiones,
amor,
a veces,
me recuerdo feliz a tu lado,
te rememoro feliz a mi lado.
Y entonces lo entiendo todo.
(Elvira Sastre)
que tienen
los que lloran a escondidas
y a gritos.
Tu rostro es
un trozo de pena arrancado
de algún domingo,
un cúmulo de ruidos
que sólo son silencio,
una senda de cicatrices
que empiezan en tus manos
y se agrandan en tus aristas,
que son tantas como bemoles
colman tu vida.
Sé que te sigues acordando de mí
las tardes de otoño,
que se te empequeñece el corazón
cuando llueve
porque has olvidado
cómo te ardió el pecho
cuando te cogí con mis dos manos
y te hiciste un ovillo herido,
que miras al suelo
cuando caminas
porque ahora prefieres pisar el presente
y dejar de vislumbrar futuros.
También sé
que sigues guardando secretos
para quien venga
-guárdate bien,
sigues siendo el mejor que tengo-.
Que tu felicidad consiste en el descanso
y que sólo bailas cuando estás despeinada.
Que encuentras placer
al lamerte las heridas,
que te cuesta decir adiós para siempre
porque en tu espalda está toda tu historia.
Claro que lo sé,
amor.
Me bastó mirarte una vez
a través de todos tus cortes,
de tus excusas y de tus huidas,
de la velocidad de tu acento,
de tus palabras puestas porque sí,
de las frases escritas a media voz,
de los mensajes a destiempo,
de tus ojos rearmados hasta los dientes.
Me bastó mirarte una vez,
la primera,
para llevarme toda tu tristeza a mis ojos
y no poder mirarte de otro modo,
y no poder ser de otra manera,
y que no pudieras ser de otra forma.
Pero yo te quise así
y tú quisiste que te quisiera así.
Eres mi tristeza más pesada,
una losa de pena a la espalda.
Pero en ocasiones,
amor,
a veces,
me recuerdo feliz a tu lado,
te rememoro feliz a mi lado.
Y entonces lo entiendo todo.
(Elvira Sastre)
jueves, 1 de enero de 2015
Licor de ausencia (90º)
Me bebí lo nuestro de un trago.
Me bebí lo nuestro y no quedó una gota.
Traté de correr cuando los cuervos del después
me dieron a probar el licor de la despedida
y no pude escapar.
En el bar de los despojos ingerí una mezcla alegre
para corazones pisoteados
pero me quedé aún más torcido.
Borracho en medio de la soledad te maldije
y grité mala puta al cielo
-pero me refería a ti-.
No es que te siga odiando en realidad,
nunca llegué a hacerlo.
Es sólo que hace varios años
que ya acabó la fiesta de tu cuerpo
y aún me dura la resaca.
(Marwan)
Me bebí lo nuestro y no quedó una gota.
Traté de correr cuando los cuervos del después
me dieron a probar el licor de la despedida
y no pude escapar.
En el bar de los despojos ingerí una mezcla alegre
para corazones pisoteados
pero me quedé aún más torcido.
Borracho en medio de la soledad te maldije
y grité mala puta al cielo
-pero me refería a ti-.
No es que te siga odiando en realidad,
nunca llegué a hacerlo.
Es sólo que hace varios años
que ya acabó la fiesta de tu cuerpo
y aún me dura la resaca.
(Marwan)
Envíame una carta
Envíame
una carta, aunque se pierda.
Envíame
unas velas encendidas, no sé,
un
monte por ejemplo, que me mire desde arriba.
Envíame
sonatas, pergaminos,
capiteles
corintios que apuntalen
esta
luz de la tarde
que
resbala.
Algo
de Brahms, el mar y su epicentro.
Banderas,
sin mancharse de colores,
que se
puedan pintar como se quiera.
Y
sobre todo aire, sin cauces, aire suelto.
De
momento la carta, aunque se pierda.
(Blanca
Sarausa)
martes, 9 de diciembre de 2014
En busca de un remedio
Me he
bañado en el mar
y sigo
sin ser agua.
He
frotado mi piel
con
una estrella:
ni una
chispa.
No sé
qué va a pasar
cuando
la noche acabe,
y me
vea tan gris como los pájaros,
pero
sin saber volar.
(Blanca
Sarasua)
jueves, 13 de noviembre de 2014
A una muñeca antigua
Sólo
es una muñeca
ahorcada
en el péndulo del tiempo,
deshabitada
como una casa vieja,
con su
cutis de cera,
amortajada
de moaré y sombrero.
Pero
me está observando
con un
temblor de hueco en su mirada.
No es
nadie,
nunca
vivió,
nunca
tuvo ocasión de equivocarse.
Por
eso me da miedo.
(Blanca
Sarasua)
lunes, 10 de noviembre de 2014
Esperando mi vuelta
A
dónde vas, jugando a ser eterna,
pisando
sin cuidado el mar,
sin el
menor pudor,
con la
misma certeza de quien anda por casa.
Eres
un ser alado, sin células apenas,
el
pelo largo como tu osadía,
y esas
manos a tientas
llevándote
a destiempo la luz de la mañana.
El
cuerpo, con los miedos que te quedan,
lo
dejas en la arena.
Te
agarro por los hombros del espejo;
no me
engañes
ni me
vuelvas la cara:
buscas
el paso firme de la dicha
en un
plato final
definitivo,
sin
una carga de sombras a su espalda.
Tú
sabes que no existe,
chíllalo,
estrújate
de rabia.
Luego
sigue buscándolo,
cuélate
sin entrada en el palco de la vida,
no me
bajes la guardia.
Y no
vuelvas sin él,
que yo
estaré en el muelle de mis vértigos,
vestida
de tu cuerpo
esperándote,
para
llevarte a casa.
(Blanca
Sarasua)
jueves, 6 de noviembre de 2014
Sombra del pasado
Se
despertó la sombra,
callada
en el
fondo de mi espejo.
Me
agarró de la mano,
me
llevó donde viven las palabras,
y
hablamos
como
se hablan las barcas
cuando
se sienten vivas,
movidas
por el agua.
Vino
del otro lado del espejo,
de
allá donde no escuecen las astillas.
(Blanca
Sarasua)
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Más cerca del mañana...
Más
cerca del mañana
que
del ayer, el tiempo
como
un espejo limpio
tiembla
ante la infancia.
La
puerta aún no se cierra
y
adivinan los ojos
el
peligro, la sombra
de lo
que ya no existe.
La
palabra se agota
y la
voz se adelgaza
en un
largo silencio.
Ya
descansan los sueños
al
borde del camino
y
quedan pocas preguntas
que me
atreva a responder.
(Ana
María Navales)
viernes, 31 de octubre de 2014
Dame una mano que tiemble...
Dame
una mano que tiemble,
un
misterio desvelado,
unos
ojos muy abiertos
frente
a mi espejo de plata.
Y un
otoño de hoja verde,
un
beso fugaz y eterno,
el
viento como un susurro
y un
río de sueños lleno.
Dame
cristales y plumas,
lunas
pálidas y mares,
perlas
y suaves aromas
y
abejas en primavera.
Dámelo
todo muy pronto
y yo
me iré para siempre.
(Ana
María Navales)
jueves, 30 de octubre de 2014
Cuando me ves quemar...
Cuando
me ves quemar
barritas
de incienso
por la
casa,
encender
linternas
por
oscuros pasillos
o
avivar el fuego
junto
a las paredes desnudas,
te
pones en guardia.
Crees
que mi corazón anda
revuelto
en primaveras
de
sorpresa, que acaso
se ha
aventurado por un secreto
pasadizo
donde quiere morir
en su
última batalla,
lentamente,
sobre las ruinas
de
aquel edificio junto al mar
que
alguna vez fue la vida.
(Ana
María Navales)
martes, 28 de octubre de 2014
Ahora el horizonte es sólo lágrima...
Ahora
el horizonte es sólo lágrima
y el
barco busca su muerte entre las rocas.
Saltan
puñales en el agua
como
un temblor de noche en la memoria,
pero
aún retienes en tu mano abierta
un
abanico de luz, una alondra,
audaces
canciones que del tiempo escapan.
Una
lluvia de espinas más allá de tus ojos,
nada
que anuncie la orilla de otros mares,
ríos
secretos, los peces que un instante brillan
y
dejan caer su luz entre las olas.
Hasta
el arrabal de tu sueño de jazmines,
hasta
tu torre desnuda de rosas y de labios,
llegan
la edad y el frío de tu cuerpo ausente.
Acaso
ya para tu viaje no hay camino.
(Ana
María Navales)
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