miércoles, 14 de enero de 2015

Sobre la competencia

Cuanto más alto llegas
mayor es la presión.

Quienes consiguen
soportarla
aprenden
que la distancia
entre la
cumbre y el
fondo
es
obscenamente 
grande.

Y quienes
triunfan
conocen
el secreto:
que no hay
ninguno.

(Charles Bukowski)

lunes, 12 de enero de 2015

La capa de todos los superhéroes

Hagamos un trato:
tú levántate de la cama
como si quisieras salir antes que el sol
y yo haré como que no miro
mientras decides
qué color combina hoy más con tu sonrisa.

Despéinate,
mientras yo me froto el sueño de los ojos
solo para ver si sigues ahí
o te has quedado en mi insomnio,
y déjame decirte
que eres la chica más guapa que he visto hoy
-sí, el día acaba de empezar
y ya sé que serás la más bonita-.

Levántate
cinco minutos antes
solo para tumbarte conmigo diez minutos más,
murmura que llegas tarde a trabajar
sin soltar mi mano,
bésame
como si acabaras de verme
y déjame besarte
como si fueras mi desayuno,
que algo tengo que hacer
con este hambre de sueños
y de ti
con el que me levanto
cuando duermo contigo.

Haz la cama conmigo dentro
y vuélveme a decir eso
de que durmiendo conmigo
aprendiste a soñar.

Déjame
darte los buenos días
metiéndote mano antes de irte
para que lluevas
y pueda salir el arcoíris
-por si no te lo había dicho nunca:
los días son preciosos
cuando los pintan tus piernas-.

Escríbeme 
nada más irte,
échame de menos
y llena la carretera de suspiros, 
déjame un mensaje
en el espejo del baño
y dime que vas a volver
porque tienes que terminar
todos los besos a medias
que se han quedado en mi boca.

Y por favor,
sonrójate,
nunca dejes de hacerlo,
que tus mejillas dan color al precipicio gris que nos espera
al borde de la cama,
y vienes siendo necesaria
para sobrevivir:
ya lo sabes,
debajo de tu uniforme del trabajo,
en algún lugar entre el tacto de tu camisa
y la piel que te envuelve,
escondes la capa
de todos los superhéroes

(Elvira Sastre)

A la espalda

Sigues teniendo la misma mirada
que tienen
los que lloran a escondidas
y a gritos.

Tu rostro es
un trozo de pena arrancado
de algún domingo, 
un cúmulo de ruidos
que sólo son silencio,
una senda de cicatrices
que empiezan en tus manos
y se agrandan en tus aristas,
que son tantas como bemoles
colman tu vida.

Sé que te sigues acordando de mí
las tardes de otoño,
que se te empequeñece el corazón 
cuando llueve
porque has olvidado 
cómo te ardió el pecho
cuando te cogí con mis dos manos
y te hiciste un ovillo herido,
que miras al suelo
cuando caminas
porque ahora prefieres pisar el presente
y dejar de vislumbrar futuros.

También sé
que sigues guardando secretos
para quien venga
-guárdate bien,
sigues siendo el mejor que tengo-.
Que tu felicidad consiste en el descanso
y que sólo bailas cuando estás despeinada.
Que encuentras placer
al lamerte las heridas,
que te cuesta decir adiós para siempre
porque en tu espalda está toda tu historia.

Claro que lo sé, 
amor.

Me bastó mirarte una vez
a través de todos tus cortes, 
de tus excusas y de tus huidas,
de la velocidad de tu acento,
de tus palabras puestas porque sí,
de las frases escritas a media voz,
de los mensajes a destiempo,
de tus ojos rearmados hasta los dientes.

Me bastó mirarte una vez,
la primera,
para llevarme toda tu tristeza a mis ojos
y no poder mirarte de otro modo,
y no poder ser de otra manera,
y que no pudieras ser de otra forma.

Pero yo te quise así
y tú quisiste que te quisiera así.

Eres mi tristeza más pesada,
una losa de pena a la espalda.

Pero en ocasiones, 
amor, 
a veces,
me recuerdo feliz a tu lado,
te rememoro feliz a mi lado.

Y entonces lo entiendo todo.


(Elvira Sastre) 

jueves, 1 de enero de 2015

Licor de ausencia (90º)

Me bebí lo nuestro de un trago.
Me bebí lo nuestro y no quedó una gota.
Traté de correr cuando los cuervos del después
me dieron a probar el licor de la despedida
y no pude escapar.
En el bar de los despojos ingerí una mezcla alegre
para corazones pisoteados
pero me quedé aún más torcido.
Borracho en medio de la soledad te maldije
y grité mala puta al cielo
-pero me refería a ti-.
No es que te siga odiando en realidad,
nunca llegué a hacerlo.
Es sólo que hace varios años 
que ya acabó la fiesta de tu cuerpo
y aún me dura la resaca. 

(Marwan)

Envíame una carta



Envíame una carta, aunque se pierda.
Envíame unas velas encendidas, no sé,
un monte por ejemplo, que me mire desde arriba.
Envíame sonatas, pergaminos,
capiteles corintios que apuntalen
esta luz de la tarde
que resbala.
Algo de Brahms, el mar y su epicentro.
Banderas, sin mancharse de colores,
que se puedan pintar como se quiera.
Y sobre todo aire, sin cauces, aire suelto.

De momento la carta, aunque se pierda.


(Blanca Sarausa)

martes, 9 de diciembre de 2014

En busca de un remedio


Me he bañado en el mar
y sigo sin ser agua.
He frotado mi piel
con una estrella:
ni una chispa.
No sé qué va a pasar
cuando la noche acabe,
y me vea tan gris como los pájaros,
pero sin saber volar.

(Blanca Sarasua)


jueves, 13 de noviembre de 2014

A una muñeca antigua


Sólo es una muñeca
ahorcada en el péndulo del tiempo,
deshabitada como una casa vieja,
con su cutis de cera,
amortajada de moaré y sombrero.
Pero me está observando
con un temblor de hueco en su mirada.
No es nadie,
nunca vivió,
nunca tuvo ocasión de equivocarse.

Por eso me da miedo.


(Blanca Sarasua)

lunes, 10 de noviembre de 2014

Esperando mi vuelta

A dónde vas, jugando a ser eterna,
pisando sin cuidado el mar,
sin el menor pudor,
con la misma certeza de quien anda por casa.
Eres un ser alado, sin células apenas,
el pelo largo como tu osadía,
y esas manos a tientas
llevándote a destiempo la luz de la mañana.
El cuerpo, con los miedos que te quedan,
lo dejas en la arena.
Te agarro por los hombros del espejo;
no me engañes
ni me vuelvas la cara:
buscas el paso firme de la dicha
en un plato final
definitivo,
sin una carga de sombras a su espalda.
Tú sabes que no existe,
chíllalo,
estrújate de rabia.
Luego sigue buscándolo,
cuélate sin entrada en el palco de la vida,
no me bajes la guardia.
Y no vuelvas sin él,
que yo estaré en el muelle de mis vértigos,
vestida de tu cuerpo
esperándote,
para llevarte a casa.

(Blanca Sarasua)


jueves, 6 de noviembre de 2014

Sombra del pasado

Se despertó la sombra,
callada
en el fondo de mi espejo.
Me agarró de la mano,
me llevó donde viven las palabras,
y hablamos
como se hablan las barcas
cuando se sienten vivas,
movidas por el agua.
Vino del otro lado del espejo,
de allá donde no escuecen las astillas.


(Blanca Sarasua)

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Más cerca del mañana...

Más cerca del mañana
que del ayer, el tiempo
como un espejo limpio
tiembla ante la infancia.
La puerta aún no se cierra
y adivinan los ojos
el peligro, la sombra
de lo que ya no existe.
La palabra se agota
y la voz se adelgaza
en un largo silencio.
Ya descansan los sueños
al borde del camino
y quedan pocas preguntas
que me atreva a responder.


(Ana María Navales)

viernes, 31 de octubre de 2014

Dame una mano que tiemble...

Dame una mano que tiemble,
un misterio desvelado,
unos ojos muy abiertos
frente a mi espejo de plata.
Y un otoño de hoja verde,
un beso fugaz y eterno,
el viento como un susurro
y un río de sueños lleno.
Dame cristales y plumas,
lunas pálidas y mares,
perlas y suaves aromas
y abejas en primavera.
Dámelo todo muy pronto
y yo me iré para siempre.

(Ana María Navales)


jueves, 30 de octubre de 2014

Cuando me ves quemar...

Cuando me ves quemar
barritas de incienso
por la casa,
encender linternas
por oscuros pasillos
o avivar el fuego
junto a las paredes desnudas,
te pones en guardia.
Crees que mi corazón anda
revuelto en primaveras
de sorpresa, que acaso
se ha aventurado por un secreto
pasadizo donde quiere morir
en su última batalla,
lentamente, sobre las ruinas
de aquel edificio junto al mar
que alguna vez fue la vida.


(Ana María Navales)

martes, 28 de octubre de 2014

Ahora el horizonte es sólo lágrima...

Ahora el horizonte es sólo lágrima
y el barco busca su muerte entre las rocas.
Saltan puñales en el agua
como un temblor de noche en la memoria,
pero aún retienes en tu mano abierta
un abanico de luz, una alondra,
audaces canciones que del tiempo escapan.
Una lluvia de espinas más allá de tus ojos,
nada que anuncie la orilla de otros mares,
ríos secretos, los peces que un instante brillan
y dejan caer su luz entre las olas.
Hasta el arrabal de tu sueño de jazmines,
hasta tu torre desnuda de rosas y de labios,
llegan la edad y el frío de tu cuerpo ausente.
Acaso ya para tu viaje no hay camino.

(Ana María Navales)


lunes, 27 de octubre de 2014

La imagen que refleja el agua...

La imagen que refleja el agua
pertenece a un lejano espejo
de otra vida.
No es una nube o una sombra
con la boca abierta al otoño,
a la caricia que el aire arranca de los buitres.
Una palabra puede iluminar la noche
o caer sobre el miedo de un niño
como una piedra en el fondo del estanque
que bajo la luna sueña con ser pájaro.
Otra mujer brilla en el recuerdo,
tiene mis ojos y mis labios,
pero el rostro de agua y el rostro de tierra
no son el mismo
y alguien alza murallas,
separa el sol de ese cuerpo desnudo
sobre el látigo que palpita en las horas.
Nadie oye el grito del animal salvaje
perdido en la decepción del bosque
cuando el camino se convierte en frontera
y el día envejece como un invierno largo
y silencioso.
No hay espejo más frágil que el agua;
imposible colocar este rostro sobre el mío.


(Ana María Navales)

miércoles, 22 de octubre de 2014

Gime la tarde de grises y geranios...

Gime la tarde de grises y geranios
las palomas están quietas y oscuras,
y alguien se adueña de mi vida
y la arrastra más allá del horizonte.
La página es arena
que el aire levanta hacia las nubes
donde se entrelazan las siluetas de los ángeles
cubriendo el vacío con sus alas.
Mi espacio es la huella de un violín callado,
de una mano inmóvil y tendida
a la espera de que el verso la acaricie.
Y pasa el poema sin rozar la tarde
sin haberme mirado
como un niño que crece en la costumbre
de estar solo
y entre viejos juguetes se olvida del mundo.


(Ana María Navales)

martes, 21 de octubre de 2014

Suceden noches

Suceden noches de agonía plena,
en que el sueño es vigilia de ceniza,
latido donde rutas bendecidas
sin horizonte yacen, y te adviertes
ausente de equipaje, paralítica
de esperas, y persistes, y te palpas
muda alondra sin alas y sin nido.

Triste cosa es la noche si el soñar
se espanta, y, en el día,
todas las rosas duermen.


(Rosaura Álvarez)

lunes, 20 de octubre de 2014

Claroscuro

No soy testigo de la luz. Nunca lo he sido.

Inmensa luz nos ciega, si en sombra no te acoges.

En profundos templos de negrura evocas
paraísos de soles vesperales.

¡Hermosísimo sueño,
que concibiendo vibra y gestando abre
volcanes del sentido!
para presentir siempre, augurar.

Lo dulce es el temblor.

Más bella que el día es el alba.

Desengáñate:

La luz total no existe, si belleza;
mas necesario resplandor.

Lo idílico del bosque es la claridad
que las sombras filtran.


(Rosaura Álvarez)

domingo, 19 de octubre de 2014

En el periódico leemos...

En el periódico leemos:

-La poesía parnasiana...
-Se ha desbordado un río...
-Se estrelló otro avión...
-El prisma individual...

Bueno, que se termine el mundo,
dame el anzuelo de tus dedos,
que soy un pez.

(Carmen González Más)


sábado, 18 de octubre de 2014

Todo escapa al final...

Todo se escapa al final.
Hoy me avanzo con fiebre de olvido y de derrota,
con la imagen del humo que de mí fui tallando.
Nadie ha dicho mi nombre desde aquella niñez
fugaz como una sombra,
ni aún después nadie quiso, digámoslo despacio,
deletrear mi ser.
No, ni yo tampoco.
Me negué a pronunciarme
por miedo a que mi voz se extraviase.
Ni quise que mi nombre se pusiera
al alcance del público,
hacerlo mercancía.

Mi Yo se me confunde con mi imagen de ahora
en esta soledad que carcome el desierto.
Las distancias juntaron mis espacios
y me adherí a mi muerte sin saberlo.
El sol se fue ocultando oscuramente
y se fue haciendo tarde. Inmensamente tarde
para inventar de nuevo la que soy.

(María Teresa Cervantes)


jueves, 16 de octubre de 2014

Memoria

Tiempo atrás, vida atrás, me recogí en mi sangre
y aniñé mi esperanza para crear un fruto.
En el tierno silencio de aquellos largos meses
nos mecía a los dos el giro de la tierra.
Después, al alumbrarlo, la tierra se detuvo.

(María Victoria Atencia)