Me bebí lo nuestro de un trago.
Me bebí lo nuestro y no quedó una gota.
Traté de correr cuando los cuervos del después
me dieron a probar el licor de la despedida
y no pude escapar.
En el bar de los despojos ingerí una mezcla alegre
para corazones pisoteados
pero me quedé aún más torcido.
Borracho en medio de la soledad te maldije
y grité mala puta al cielo
-pero me refería a ti-.
No es que te siga odiando en realidad,
nunca llegué a hacerlo.
Es sólo que hace varios años
que ya acabó la fiesta de tu cuerpo
y aún me dura la resaca.
(Marwan)
jueves, 1 de enero de 2015
Envíame una carta
Envíame
una carta, aunque se pierda.
Envíame
unas velas encendidas, no sé,
un
monte por ejemplo, que me mire desde arriba.
Envíame
sonatas, pergaminos,
capiteles
corintios que apuntalen
esta
luz de la tarde
que
resbala.
Algo
de Brahms, el mar y su epicentro.
Banderas,
sin mancharse de colores,
que se
puedan pintar como se quiera.
Y
sobre todo aire, sin cauces, aire suelto.
De
momento la carta, aunque se pierda.
(Blanca
Sarausa)
martes, 9 de diciembre de 2014
En busca de un remedio
Me he
bañado en el mar
y sigo
sin ser agua.
He
frotado mi piel
con
una estrella:
ni una
chispa.
No sé
qué va a pasar
cuando
la noche acabe,
y me
vea tan gris como los pájaros,
pero
sin saber volar.
(Blanca
Sarasua)
jueves, 13 de noviembre de 2014
A una muñeca antigua
Sólo
es una muñeca
ahorcada
en el péndulo del tiempo,
deshabitada
como una casa vieja,
con su
cutis de cera,
amortajada
de moaré y sombrero.
Pero
me está observando
con un
temblor de hueco en su mirada.
No es
nadie,
nunca
vivió,
nunca
tuvo ocasión de equivocarse.
Por
eso me da miedo.
(Blanca
Sarasua)
lunes, 10 de noviembre de 2014
Esperando mi vuelta
A
dónde vas, jugando a ser eterna,
pisando
sin cuidado el mar,
sin el
menor pudor,
con la
misma certeza de quien anda por casa.
Eres
un ser alado, sin células apenas,
el
pelo largo como tu osadía,
y esas
manos a tientas
llevándote
a destiempo la luz de la mañana.
El
cuerpo, con los miedos que te quedan,
lo
dejas en la arena.
Te
agarro por los hombros del espejo;
no me
engañes
ni me
vuelvas la cara:
buscas
el paso firme de la dicha
en un
plato final
definitivo,
sin
una carga de sombras a su espalda.
Tú
sabes que no existe,
chíllalo,
estrújate
de rabia.
Luego
sigue buscándolo,
cuélate
sin entrada en el palco de la vida,
no me
bajes la guardia.
Y no
vuelvas sin él,
que yo
estaré en el muelle de mis vértigos,
vestida
de tu cuerpo
esperándote,
para
llevarte a casa.
(Blanca
Sarasua)
jueves, 6 de noviembre de 2014
Sombra del pasado
Se
despertó la sombra,
callada
en el
fondo de mi espejo.
Me
agarró de la mano,
me
llevó donde viven las palabras,
y
hablamos
como
se hablan las barcas
cuando
se sienten vivas,
movidas
por el agua.
Vino
del otro lado del espejo,
de
allá donde no escuecen las astillas.
(Blanca
Sarasua)
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Más cerca del mañana...
Más
cerca del mañana
que
del ayer, el tiempo
como
un espejo limpio
tiembla
ante la infancia.
La
puerta aún no se cierra
y
adivinan los ojos
el
peligro, la sombra
de lo
que ya no existe.
La
palabra se agota
y la
voz se adelgaza
en un
largo silencio.
Ya
descansan los sueños
al
borde del camino
y
quedan pocas preguntas
que me
atreva a responder.
(Ana
María Navales)
viernes, 31 de octubre de 2014
Dame una mano que tiemble...
Dame
una mano que tiemble,
un
misterio desvelado,
unos
ojos muy abiertos
frente
a mi espejo de plata.
Y un
otoño de hoja verde,
un
beso fugaz y eterno,
el
viento como un susurro
y un
río de sueños lleno.
Dame
cristales y plumas,
lunas
pálidas y mares,
perlas
y suaves aromas
y
abejas en primavera.
Dámelo
todo muy pronto
y yo
me iré para siempre.
(Ana
María Navales)
jueves, 30 de octubre de 2014
Cuando me ves quemar...
Cuando
me ves quemar
barritas
de incienso
por la
casa,
encender
linternas
por
oscuros pasillos
o
avivar el fuego
junto
a las paredes desnudas,
te
pones en guardia.
Crees
que mi corazón anda
revuelto
en primaveras
de
sorpresa, que acaso
se ha
aventurado por un secreto
pasadizo
donde quiere morir
en su
última batalla,
lentamente,
sobre las ruinas
de
aquel edificio junto al mar
que
alguna vez fue la vida.
(Ana
María Navales)
martes, 28 de octubre de 2014
Ahora el horizonte es sólo lágrima...
Ahora
el horizonte es sólo lágrima
y el
barco busca su muerte entre las rocas.
Saltan
puñales en el agua
como
un temblor de noche en la memoria,
pero
aún retienes en tu mano abierta
un
abanico de luz, una alondra,
audaces
canciones que del tiempo escapan.
Una
lluvia de espinas más allá de tus ojos,
nada
que anuncie la orilla de otros mares,
ríos
secretos, los peces que un instante brillan
y
dejan caer su luz entre las olas.
Hasta
el arrabal de tu sueño de jazmines,
hasta
tu torre desnuda de rosas y de labios,
llegan
la edad y el frío de tu cuerpo ausente.
Acaso
ya para tu viaje no hay camino.
(Ana
María Navales)
lunes, 27 de octubre de 2014
La imagen que refleja el agua...
La
imagen que refleja el agua
pertenece
a un lejano espejo
de
otra vida.
No es
una nube o una sombra
con la
boca abierta al otoño,
a la
caricia que el aire arranca de los buitres.
Una
palabra puede iluminar la noche
o caer
sobre el miedo de un niño
como
una piedra en el fondo del estanque
que
bajo la luna sueña con ser pájaro.
Otra
mujer brilla en el recuerdo,
tiene
mis ojos y mis labios,
pero
el rostro de agua y el rostro de tierra
no son
el mismo
y
alguien alza murallas,
separa
el sol de ese cuerpo desnudo
sobre
el látigo que palpita en las horas.
Nadie
oye el grito del animal salvaje
perdido
en la decepción del bosque
cuando
el camino se convierte en frontera
y el
día envejece como un invierno largo
y
silencioso.
No hay
espejo más frágil que el agua;
imposible
colocar este rostro sobre el mío.
(Ana
María Navales)
miércoles, 22 de octubre de 2014
Gime la tarde de grises y geranios...
Gime
la tarde de grises y geranios
las
palomas están quietas y oscuras,
y
alguien se adueña de mi vida
y la
arrastra más allá del horizonte.
La
página es arena
que el
aire levanta hacia las nubes
donde
se entrelazan las siluetas de los ángeles
cubriendo
el vacío con sus alas.
Mi
espacio es la huella de un violín callado,
de una
mano inmóvil y tendida
a la
espera de que el verso la acaricie.
Y pasa
el poema sin rozar la tarde
sin
haberme mirado
como
un niño que crece en la costumbre
de
estar solo
y
entre viejos juguetes se olvida del mundo.
(Ana
María Navales)
martes, 21 de octubre de 2014
Suceden noches
Suceden
noches de agonía plena,
en que
el sueño es vigilia de ceniza,
latido
donde rutas bendecidas
sin
horizonte yacen, y te adviertes
ausente
de equipaje, paralítica
de
esperas, y persistes, y te palpas
muda
alondra sin alas y sin nido.
Triste cosa es la noche si el soñar
se
espanta, y, en el día,
todas
las rosas duermen.
(Rosaura
Álvarez)
lunes, 20 de octubre de 2014
Claroscuro
No soy
testigo de la luz. Nunca lo he sido.
Inmensa
luz nos ciega, si en sombra no te acoges.
En
profundos templos de negrura evocas
paraísos
de soles vesperales.
¡Hermosísimo
sueño,
que
concibiendo vibra y gestando abre
volcanes
del sentido!
para
presentir siempre, augurar.
Lo
dulce es el temblor.
Más
bella que el día es el alba.
Desengáñate:
La luz
total no existe, si belleza;
mas
necesario resplandor.
Lo
idílico del bosque es la claridad
que
las sombras filtran.
(Rosaura
Álvarez)
domingo, 19 de octubre de 2014
En el periódico leemos...
En el
periódico leemos:
-La
poesía parnasiana...
-Se ha
desbordado un río...
-Se
estrelló otro avión...
-El
prisma individual...
Bueno,
que se termine el mundo,
dame
el anzuelo de tus dedos,
que
soy un pez.
(Carmen
González Más)
sábado, 18 de octubre de 2014
Todo escapa al final...
Todo
se escapa al final.
Hoy me
avanzo con fiebre de olvido y de derrota,
con la
imagen del humo que de mí fui tallando.
Nadie
ha dicho mi nombre desde aquella niñez
fugaz
como una sombra,
ni aún
después nadie quiso, digámoslo despacio,
deletrear
mi ser.
No,
ni yo tampoco.
Me
negué a pronunciarme
por
miedo a que mi voz se extraviase.
Ni
quise que mi nombre se pusiera
al
alcance del público,
hacerlo
mercancía.
Mi Yo
se me confunde con mi imagen de ahora
en
esta soledad que carcome el desierto.
Las
distancias juntaron mis espacios
y
me adherí a mi muerte sin saberlo.
El sol
se fue ocultando oscuramente
y se
fue haciendo tarde. Inmensamente tarde
para
inventar de nuevo la que soy.
(María
Teresa Cervantes)
jueves, 16 de octubre de 2014
Memoria
Tiempo
atrás, vida atrás, me recogí en mi sangre
y
aniñé mi esperanza para crear un fruto.
En el
tierno silencio de aquellos largos meses
nos
mecía a los dos el giro de la tierra.
Después,
al alumbrarlo, la tierra se detuvo.
(María
Victoria Atencia)
martes, 14 de octubre de 2014
Mujer de Lot
Se te
iba haciendo el cuello de sal y la sonrisa
de
piedra, y eran páramos los campos
y la
ciudad azufre, y habías vuelto el rostro
fuera
del orden propio natural (o invitada
por
ese mismo orden), olvidando la antigua
dulzura
consabida, y supiste de pronto
que
era aquel gesto tuyo quien prendía las llamas.
(María
Victoria Atencia)
lunes, 13 de octubre de 2014
En una esquina de la espalda
Sí,
en una esquina de la espalda.
En una
esquina de la espalda
está
este nido triste, el sol de ahora
lo va
palpando, Buscador; inútil:
no
llega el rayo ni el temblor dorado,
hay
algo entre cristales muy oculto.
Sí,
en una esquina de mi espalda
hay un
sol muerto hace miles de años.
Tú,
Buscador, abres tu mano larga,
como
una venda, como un presagio...
Y
salen de tus ojos horizontes.
(Elena
Andrés)
viernes, 10 de octubre de 2014
El secreto
Otros
aman el agua y sus mentiras: los soñados abismos donde el coral
esconde sus navajas y baila el tiburón su vals mortal y sonriente.
Otros aman el agua: la engañosa nevada que promete un albo porvenir
cuando lo cierto es que el futuro, inevitablemente, nos ahoga en
fango. Y también, desde luego, están los visionarios, los que con
desesperación buscan el espejismo de una deslumbradora cosecha de
estalactitas, de translúcidas, duras y permanentes estalactitas. Son
los eternos náufragos vivientes, los jardineros del profundo abismo,
sonámbulos recolectores de medusas, cuidadores de légamos y
cefalópodos. Desterrados del aire, han convertido su destino en
vocación constante de bautismo, en rito permanente de limpieza.
En
cambio tú, criatura de las sombras, amaste el fuego y sus
liquidaciones. Amaste el resplandor de las entrañas, la pantera
voraz de la lujuria. Delmira de la lava y la erupción, Delmira del
rescoldo en fuga, del fuego calcinante. Amaste el terremoto de la
carne candente que jamás perdona, que no consiente pausas ni
abandonos. Amaste el fuego porque eras el fuego, adoraste el volcán
porque eras lava. Y acabaste tu vida como las estrellas: una noche
cualquiera, allá en los cielos, tu vida reventó como una nova. Te
llevaste a los astros tu secreto. Tal vez en un tiempo futuro tu luz
nos ilumine y entendamos, por fin, cómo vive una estrella en el
oscuro reino de la muerte.
(Francisca
Aguirre)
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